miércoles, 26 de diciembre de 2012

Diálogo II

Es el momento indicado, la motivación necesaria para llamar a la introspección.
¿Pero y qué hay de mí? ¿Qué me conforma? Acaso me atormentan los miedos, o acaso los arrastro con orgullo...
Un poco de ambas. 
Me fue necesario, en un momento, aceptar mi situación. Aceptarme inevitable y obligatorio, aceptarme inherente a algo que parece diametralmente opuesto.
Sin tapujos esta vez. ¿Qué miedos?
No a la soledad. Siempre me ha resguardado la sensación constante del abandono (muy paradójico), es el nuevo útero que me protege en este mundo. Una guarida metafísica, no por eso menos real.
Tampoco al rechazo, nada me vale menos que los llamados otros - todos son otros, sin excepción alguna. Me críe con esa presión, aprendí a esconder esta fobia en lo más profundo de mi ser hasta que se convirtió en otra cosa: una fortaleza de hielo. Pero la verdad es la anterior, es el génesis de lo actual. Pero no hay cabida para desenredar el pasado a menos de que sea absolutamente necesario.
¿Y al amor, le temo acaso? No, no lo necesito. Nunca he creído necesitarlo. Quizás le temo, entonces, y por eso aprendí a prescindir de él. Me concilia mi mente, el recuerdo arcaico de una batalla perdida repetida en distintos escenarios: nuevas estrategias, nuevos resultados. Pero todo teórico, y no hay nada más fatal y patético que la planificación teórica. Por eso prescindo de él, porque me lo proveo yo mismo en esa realidad múltiple - muchos agentes, muchos factores, todos bajo mi control. El problema del narrador una vez más.
Pero por supuesto, la realidad que yo desarrollo es para mi uso personal y no puede ser llevada acabo bajo ninguna circunstancio. Paralelismo y vertiginosidad. Saber que no hay respaldo, saber que se construye en suelo débil. 
¿Y qué es lo que está tan mal en este mundo, el verdadero? Honestamente, nunca me lo he preguntado. Pero ahora que veo este texto soy capaz de decirme: yo. Yo estoy mi mal. Mis métodos están mal. Mis escudos y procedimientos están obsoletos. Mi actitud es negligente. 
La vida es pasajera, pero yo aún creo en la inmortalidad. ¿Dónde la busco? En los recuerdos... pero no los míos. Entonces priman los terceros y los segundos en mi personalidad.
Probablemente.
Pero yo no me la creo. Rechazo constantemente mis verdades. Soy mi propio líder fascista. Me prohíbo la libertad de pensamiento, inhibo la reflexión. 
¿Cómo se supone que me encuentre entonces? Ésa es la idea. Precisamente.
Siempre he querido perderme en mí mismo. Perder este yo que me ha acompañado desde antes y siempre y ahora, y reconocer el vacío. He estado cerca. Pero tengo la liviana noción de que el ideal es imposible. 
Al perderse el yo detestado seré capaz de generar uno nuevo. Para eso, debo abandonar el pasado. Debo constituirme tan sólo en el presente. ¿Pero no son pasado y presente lo mismo, al final? Sin pasado no hay presente, por lo que no habría un nuevo yo. Pero sería más selectivo. Sí. Sabría exactamente qué escoger. Sabría como configurar el nuevo sistema.
Pero nadie me asegura que me gustará éste. Y tendré que repetir el proceso, hasta que eventualmente se pierda el yo narrador que construye al yo verdadero, al yo oficial. Pero hay tantos yo paralelamente. El yo que está en los otros es inmanejable, pero puedo sentarle las bases. Si el error de construcción está en el arquitecto no sería capaz de hacerlo desaparecer.
¿Entonces, soy yo ése? ¿Qué es el otro?
No, ése va más allá de mí. Ése es un yo intocable, mi propio dios. El otro no es más que una idea que construyo yo de mí mismo.
¿PERO ENTONCES DÓNDE CHUCHA ESTOY YO?


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Arqueología de la juventud: La Cata.

Cuando tus ojos se cruzan por primera vez con la figura de la Cata, sabes de inmediatamente las siluetas de su historia, como si estuviesen grabadas en ella. Su esculpido aunque escuálido cuerpo dibujado peligrosamente por un vestido corto y su cabello castaño lacio cayendo en puntas fucsias sobre su  busto parecen delatar su pasado.
La Cata se crió en el seno de una familia de la nobleza burguesa, en una casa que, desde las faldas de un cerro, parecía acentuar intencionalmente las diferencias de dos mundos separados por una rotonda. La tercera en una colección de cinco niños bien vestidos, de ojos azules y cabellos rubios, siempre fue retraída, observadora y sólo un poco maquinadora. Varios incidentes de excéntrica rebeldía predecían los sucesos que se desatarían durante su adolescencia, sucesos que sus padres ciegos y crédulos no fueron capaces de vislumbrar.
Su historia comienza - y comienza aquí puesto que los acontecimientos previos no son dignos de ser catalogados como historia - en el mismo momento en el que comenzaba la historia de toda una generación: el atardecer de una década ya perecida. La Cata, al igual que muchos de su edad, estaba sumida en los placeres adictivos de las redes sociales - el anonimato y la impersonalidad de éstos parecían el sitio perfecto para entablar amistades. Se había hecho de una amiga maipucina, de ésas que iban a Providencia los viernes por la tarde a beber vino barato y dulce y fumar cigarros livianos poco recomendables en una plaza mirando el río. Su amiga no era el único acceso que tenía la Cata a ese mundo: las noticias mostraban la realidad de los adolescentes con una mirada despectiva que era apoyada por sus padres. Todo la negativa hacia ese contexto tan distante derivó en despertar su placer por lo prohibido.
Decidida a quebrantar los márgenes impuestos por las castas económicas, la Cata ingenió un plan con su amiga maipucina para poder asistir a una de esas desvirtuadas reuniones. El plan era que la Cata mentiría diciendo que iría con sus compañeras de colegio a un centro comercial, prometiendo llegar antes de las diez de la noche. Procuraría tener cuidado con las bebidas y otras sustancias para poder fingir descompensación a causa de alguna comida e irse a acostar. Nada falló cuando llegó el momento de poner en acción el plan. Sin ser descubierta se sumergió en lo más profundo de unos barrios ignotos de casas pequeñas, andando en una micro llena de escritura colorida e ilegible. Se bajó donde frente a frente se disputaban la clientela dos supermercados, y esperó en el paradero a su amiga maipucina.
Ésta llegó con sus cabellos negros y rubios y naranjos escarmenados, adornados por una cinta como la de un personaje de animación. Fueron juntas a su casa. Al pasar por las calles estrechas la gente la miraba desconcertada: su cabeza platinada y sus ojos color cielo resaltaban frente a las cabelleras uniformadas en castaño bien oscuro. En la casa de su amiga maipucina, la Cata se vistió, peinó y maquilló acorde a la moda extravagante que imperaba en esos barrios. Su amiga maipucina estaba sola en casa, y en el bar había un ron del cual podían abusar. La Cata aceptó beber de ahí, y bebió hasta quedar muy mareada. Su amiga maipucina la acarició en lugares indebidos hasta que finalmente ella entendió el mensaje y la besó, se desnudaron, y terminaron frotándose la una con la otra en el sillón del living. Vueltas en sus ropas, marcharon hasta Providencia, donde un par de amigos las esperarían con el mítico vino dulce. 
La realidad de la plaza era mucho peor que en las noticias: jóvenes que no superaban los dieciséis años vomitando junto a los árboles y besando a seres de cualquier sexo en cualquier parte en cualquier posición mal hecha del kamasutra. La Cata fumó por primera vez, sorprendentemente sin toser. Tras beber aún más, la Cata cedía ante cualquier contertulio y terminó besando a cuatro muchachos, haciéndole un felatio a uno, y devorándole la boca a dos muchachas vestidas de niño. Entre esos muchachos estaba yo. 
Horas más tarde, cuando ya me iba para mi casa junto con una amiga y un amigo, encontraríamos a la Cata sentada llorando a los pies de un caracol, junto a un charco de vómito. Decidimos hacer de buenos samaritanos y cargarla hasta su casa, que no era alcanzada por ninguna micro conocida. Tuvimos que caminar, arribando a las faldas del cerro a medianoche. Dejamos que la Cata fuese sola a encarar a sus padres, quienes quedaron sorprendidos del desastre en que se había convertido su hija. La mandaron a su habitación a enclaustrarse por un periodo que hicieron parecer eterno, pero ella no aceptó y huyó en cualquier dirección. Nosotros la vimos y la seguimos. Mi amigo decidió llevársela a su casa en Puente Alto, a donde escuché que llegaron circa las dos de la mañana. 
Mi amigo vivía únicamente con su despreocupado padre y un hermano ausente. Llevó a la Cata a la pieza, donde la desnudo descubriendo su cuerpo, ya en ese entonces, esculpido aunque escuálido. Tras juguetear con su desnudez un momento, se internó en ella una y otra vez sin piedad, sin considerar nunca sus gritos de dolor. Una mancha de sangre cayó sin disimulo en sus sábanas azules, un rato después adornada por gotas de semen. A la mañana siguiente la Cata despertó adolorida y avergonzada, pero más que todo eso invadida por un sentimiento de desahucio. La Cata se quedó donde mi amigo varias semanas, dejándose amar sólo por ser mantenida. 
Sus padres nunca hicieron el intento de buscarla. Cuando mi amigo empezó a abusar del cuerpo de la Cata, penetrándola en lugares imposibles y golpeándola en las desobediencias ella decidió marcharse, no sin antes quebrarle una botella en la cabeza. La Cata fue a parar de casa en casa, donde todos los viernes cambiaría de amante hospedero. Conoció las drogas y el dinero sucio, y comenzó a prescindir de un techo. Vivía en la calle y se hacía del dinero hurtándolo o ganándolo con prostitución. Pero un día conoció a una niña: la Kimi. La Cata se enamoró de la Kimi, y ésta logró sacarla de su hoyo. De a poco la Cata comenzó a reconstruir su vida con la Kimi, se inscribió en un colegio técnico y su belleza noble le consiguió un trabajo como secretaria. 
Sus padres nunca hicieron el intento de buscarla. 

martes, 27 de noviembre de 2012

El fantasma

De pronto su meditación - o su ocio de ensimismada putrefacción - se vio interrumpida por el descubrimiento del silencio, quien se había dado el lujo de transformar la habitación en un océano de espacios intermedios. No bien se dio cuenta de que se ahogaba en las aguas de la quietud empezó a nadar desesperado hacia arriba, sólo para darse cuenta de dos cosas: el silencio había llenado por completo la habitación, y que, pese a su acuosidad, podía respirar en él. 
Entonces se quedó flotando en él un buen rato preguntándose por donde se habría filtrado y por donde saldría después. Vio las preguntas como túneles lúgubres e infinitos, se sintió incapaz de vislumbrar la luz en su hipotético final. Se sintió agobiado de tanta nada a su alrededor - el sustantivo había logrado aclarar su mente: la habitación no estaba llena de silencio, se había vaciado hasta tan sólo quedar éste. Sus pies tocaron suelo tras la epifanía permitiéndole buscar que era lo que faltaba para neutralizar el silencio. 
Buscó entre, sobre, bajo y dentro los muebles. Buscó en el jardín y en el patio, en el ático y en las mugrosas cañerías del baño - infructuosamente, sin poder recordar que era lo que faltaba. Decidió ignorar el silencio sofocante, y dirigir su mente hacia otra cosa. Más el silencio enfermizo había logrado inundar hasta su mente, y no halló más que una vaga, esbelta y fina silueta en su mente. "Eso es" se dijo, y se dio cuenta de que era lo que hacía falta para neutralizar el silencio.
Pero era incapaz, también, de evocar al cuerpo productor de aquella sombra por cuestiones que él mismo no se atrevía a analizar. Pese a la ausencia corrosiva que empezaba a consumir todo (convirtiéndose cada cosa en un puente entre el presente y el recuerdo de un presente no tan presente) el silencio se disipó, no obstante, entró por la puerta una gigantesca sombra carente de mueca alguna mirándolo fijamente. "Es la ausencia" se dijo. A lo que ésta respondió:
"No soy la ausencia, criatura ingenua. Soy la nostalgia."

lunes, 26 de noviembre de 2012

Queroseno

"La luz de Dios atenuándose
Nada está mal, vuelve a dormir
Voluntad perdida en la infancia
Ahógalos en la caridad
Entrégales comodidad para sobrellevar el dolor
Ellos prestan entusiasmo
Yo puedo limpiar las impurezas
Lavarlas con queroseno

Mi modestia no puede ser ofendida
Gracias por profanarme
Un lenguaje puro como el binario
Instruido con deshonestidad
En la naturaleza no hay tragedias
Véndalos con tapiz
Cambia comodidad por identidad
Ahógame en queroseno
Queroseno

Te protegeré
De todas las cosas que he visto
Limpiaré tus heridas
Enjuagándolas con suero
Con queroseno"



Ésta es una canción de los Crystal Castles cuya letra me gusta mucho. Esto es meramente una traducción interpretativa, llena de errores y esas cosas, pero me imagino mantiene el indecible sentido original apegándose a lo literal.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

¡El huracán!

La verdad es que me metí aquí con el propósito de consolarme acerca de lo siempre, sin embargo, mientras me hacía un café me di cuenta de mi monotematicidad y del hastío que me produce la misma cuando caigo en cuenta de ella. Es por eso que súbito prefiero hablar de otra cosa, arriesgándome a hablar de lo mismo de nuevo - pero no sería tan lo mismo.
Ojalá que cuando llegue el huracán sea más piadoso que la vez anterior hace un par años, cuando decidió devastar cada rastro de civilización conocida en la faz de la tierra. Desde ahí se reconstruyó casi forzosamente apoyada en los pilares del recuerdo - hasta el acaecer de su obsolescencia cuando fueron otros los cimientos y se olvidó o se obligó a olvidar todo esbozo reminiscente de edificaciones pasadas.
Hoy cuando adviene una vez más, como parece visitar periódicamente el hijo de puta, la gente  agarra a sus casas e intenta convencerlas de que no hay riesgo alguno, buscando en sus palabras extrapolar un consuelo que ellos no encuentran en su interior. Sin embargo la gente sabe con certeza que depende de ellos y de cuanto empeñó le pusieron a la reconstrucción - o nueva construcción, una completamente distinta - del barrio si éste logra mantenerse en pie tras el huracán.
Por supuesto, jamás intacto pero si al menos los fierros originales. Mas yo no estoy seguro.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Je te regarde, mais tu me vois.

"Él tenía una capacidad que yo no fui capaz de entender en un principio. Ahora, más avanzado en el estudio de su ser, me es posible comprender que ciertas cosas que yo creía falencias son en realidad facultades. Esperen, esperen, sé que es arriesgado decirlo pero puedo comprobarlo. Lo comprobé cuando conocí a quien tiraba de los hilos sanguíneos. Tenían la misma característica, en un principio (y me acuerdo de una instancia en especial, que prefiero guardarme para mí) me pareció algo tremendamente patético, luego logré aceptar que era en verdad parte de su estrategia... Si es que la tenía, si es que no me la estoy jugando mucho.
Era la habilidad de neutralizarse completamente, no dejando ningún esbozo de personalidad visible, convirtiéndose tan sólo en un símbolo de la condescendencia y quizás, del misterio disuelto en agua. No me importa si fue su timidez o su falsedad o quizás algo en mí, pero yo no lo vi ni de soslayo y no lo vi por un buen tiempo: Se mantuvo oculto, ajeno a mí y lo que me rodeaba hasta que finalmente vi algo en él - nunca ha sido su verdadero yo, me arriesgo a decir, no obstante no un yo falso sino que un yo distinto perfectamente elaborado que tiene tanto de verdadero como ese yo que desconozco... Si es que hay tal.
Eso fue lo que me hechizó en primera instancia."

domingo, 4 de noviembre de 2012

Direcciones

Es no ser yo lo que me molesta. Es ver los autos ir para otro lado en vez de en dirección a mi casa, sin embargo a veces pienso que se les puede haber quedado el mapa por ahí, o no sé, la señora del coche en la calle les habrá dado mal la dirección.
Igual me quedo esperando. Esperando, no más, a veces con un cigarro o con una lata de Becker pero esperando. Los autos pasan por al frente de mi casa en ocasiones, y hacen ademán de detenerse pero nunca lo hacen. Yo creo que es que también son cobardes, a mí me da miedo sacar el auto e ir yo a los lugares.
Igual no hay lugares en los que me acepten más allá de éste, podría intentar entrar (como la otra vez que me dejaron fuera) o colarme por ahí pero no es mi estilo. Ya me olvidé cual era mi estilo, en todo caso. Harto triste.
Pero la cosa es que siguen pasando los autos y van para otros lados, yo no sé qué pretenden, mínimo uno debería venir a dejarme una explicación - una explicación que no quiero en lo absoluto pero que en lo aparente necesito. Y yo que ya he esperado tanto puedo esperar por siempre, hasta que me olvide que esperaba (porque la verdad tengo mala memoria) y me entre un rato a ver la tele o a llamar a los chiquillos. ¿Se acordarán de mí los chiquillos? Sí, dijeron que nunca me olvidarían. Pero uno siempre olvida.
Sin embargo esta tendencia me es tan inherente que aunque lo olvide seguiré esperando, ya sea otra cosa o nada o una mentira mal elaborada. A lo mejor en el futuro para un auto y me voy con él. Es mejor estar aquí en la calle que haya en la casa con mi viejo.
Que no me vea mi viejo que no me vea mi viejo que no me vea. O que me vea, pero que no me reconozca. Que nadie me reconozca nunca.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Muertos resucitados

Me quedo sin concilio; imposible alcanzar las conclusiones en un escenario lleno de variables. Cada una más enfermiza que la otra, revolviendo más la masa, añadiéndole cosas.
¿Dónde y cuándo serán las verdades? Sólo si no han sido, porque perfectamente pueden haber sido y yo ni cuenta me di ni cuenta me daré. Mantendré la obstinación, a no ser que, pero esto es tan, y también muy; la única verdad es que se me perdió la bandera blanca, esa con nombre y apellido que hay que izar en estas situaciones - los chicles, cuánto duran en la boca, pero uno se aburre y los bota y si no sigue masticándolos eternamente. ¿Cuánto de chicle tiene todo esto?
Mucho. Cuánto de esto tiene cada chicle. No veré el futuro porque no quiero, porque me destruirán las verdades como lo hacen las incógnitas pero las primeras lo harán en definitiva, con suma crueldad y en pleno derecho ¡Al fin, al fin, hueón! ¡Córtala hueón! Lo que me debería haber quedado claro sigue bajo un charco de lodo, uno poco profundo, basta con meter la mano y sacarlo pero la verdad no me gusta el barro y quedaría manchado y no tengo tanto jabón en la casa.
A propósito (por el contrario), no estoy para amaneceres falsos, el verano está aquí pero no allá y no me interesa suplir la lluvia con la playa. Soy feliz con este arco iris descolorido, pero arco iris al fin y al cabo. Además que vivo rezando por llegar al otro lado; debería rezar por empezar a andar primero; a lo mejor ni hay arco iris, a lo mejor ni yo estoy cerca.
Ergo, eterno estanque, futuro cercano cada vez más distante y ficticio.

Dices primum non nocere, pero puta que duele.

domingo, 28 de octubre de 2012

Ambiguo

A lo mejor era el ambiente de intimidad que propiciaba los atrevimientos, las inmoralidades. Habrá sido un trato tácito entre él y el silencio y las cortinas, pero por sobre todo con la puerta, el que estableció una vez hace ya tanto la mutua confidencia. De ésa que tan sólo consta en el comprender pero no en el saber realmente ni mucho menos en el oír. No era una falencia, era otra forma de ser.
Habían tantos en esa habitación sin haber ninguno, todos como fantasmas, pero éstos por separado conectándose y a la vez rehusándose a - en ocasiones comunicación con un receptor reacio, que no quería reaccionar ante las apelaciones. Si acaso el calor del día o el frío de la noche que se combinaban ya permitiría algo no se supo nunca, pues ese algo jamás tendría permitido existir en ninguno de los bandos porque a uno lo cubría la niebla y al otro lo inundaba el miedo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Ahora

Aún ahora, y más ahora.
Certero frente a la incertidumbre,
un antes como que desde siempre
después como que para siempre.

Aún ahora, y más ahora.
No cae ya la noche
Se instaló hace ya mucho tiempo.

Aún ahora, y más ahora.
No hay más puertas que ésa
ésa que no es puerta
pero puta que está abierta.

Aún ahora, y más ahora.
Del otro lado hay sombra que es luz
luz que es enigma, enigma que encanta.

Aún ahora, y más ahora.
Cuando amenaza el fuego eterno
(y qué sé yo de sus cuentos amargos)
se nos empina la rampa siendo skaters.

Desde siempre y para siempre
todo está tan lleno de egoísmo
bendito sea.

martes, 2 de octubre de 2012

La blonde dans le métro

La veo a veces no más, pero es que no siempre voy viendo. Nunca he visto donde se sube, de todas formas no me serviría de nada, como si en el nombre de su estación se escondiera una verdad que vaya más allá del presente, una intertextualidad que se remonte a otros tiempos de ella, tiempos lejos de nosotros y nuestros pelos negros.
La rubia del metro no es de aquí, es puro paralelismo; un contraste tremendo, tal foraneidad debiese ser ilegal. Mas no negaré el placer estético de verla en las mañanas, de romper con las expectativas agitando sus cortos cabellos blancos mientras le habla a su hija en un idioma que excede todos mis nulos conocimientos en lingüística con tanta emoción y siempre haciendo de su discurso - bastante monológico, la niña sólo la mira sonriente - algo importante. Yo creo que eso es lo que me deja más cachudo, qué le estará diciendo a la niña. He preparado mis hipótesis sin bases pero igual (como esos queques veganos que no llevan huevo y uno los encuentra lo más ridículo del mundo pero funcionan a la perfección y para mayor joda hay gente que los consume por preferencia no obligación):

  • Cabe la posibilidad de que sus discursos no sean tales sino que sean narraciones. De muchos tipos éstas pueden ser, pero me gusta pensar que pueden corresponder a su mitología natal tan probable y preferentemente nórdica o tal vez más eslava-escandinava pero algo medio rubio, y como todo lo medio rubio o rubio enterito, lleno de incongruencias pero aún así bastante lindo. Quizás la blonde tiene miedo de que su hija olvide sus raíces - se me ocurre que ésta es fruto de una cachita con algún indio, harto chilensis le salió la huacha chica, pero igual habla en ese idioma remoto la enana.
  • Tal vez esta rubia oxigená, que cree que nosotros somos lo suficientemente estúpidos como para creer que ella es así de rubia naturalmente, le da a su hija lecciones de vida tentativamente feministas y muy posiblemente progresistas acerca de como no tiene que dejarse seducir por los encantos de un latin lover bien austral, de como tiene que ser independiente, de como tiene que mantener su figura esbelta para seguir con el legado de belleza septentrional que ella y sus antepasados tanto se han esforzado en mantener, de como no tiene que quedar preñada de un indio, etcétera.
  •  A lo mejor esta rubia que no es tan legalmente rubia intenta implantarle a su hija la intelectualidad de un país desarrollado que jamás será posible propiciar en un ambiente tan distópico como lo es Maipú, en especial cuando ambas se bajan en Santiago Bueras como perdidas - mentira, esa hueá es de mi propia olla de falacias, nunca he visto a una hembra caminar con más determinación que ésta.
  • Otras, que se me ocurrieron o se me ocurrirán.
De todas formas lo que más me gusta de la rubia no es ella como tal, es su capacidad de convertirse en una metáfora gigante de otra cosa, de otra cosa que completamente distinta - aunque no tanto, y esa es la gracia. Pero es una cosa de ésas que sólo yo puedo ver en mis alucinaciones, cada vez más recurrentes a propósito, una figura que se arma con piezas de distintos rompecabezas cuyas piezas han sido hechas encajar a la fuerza. Pero el brillo es que no todas, no todas.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Múltiples destinatarios

Me un poco de asco pensar que ese veneno que te circunvala puede llegar a penetrarte un día, recorrer tu sangre e infectar tu cuerpo desde adentro, desde la pureza intocable resguardada en ese templo profanado pero que, obstinado en la protección de su bello secreto, se mantiene en pie. 
No es la envidia esta vez, no me confundáis. Es un sentimiento de guardabosques que me nace de no sé dónde la verdad lo sé perfectamente  y me tiene cuidando la entradita, adjudicándome este puesto que bien le puede corresponder a otro más ad-hoc o a ninguno. Pero ya llevo tanto tiempo en esta banca afuera del monumento que no puedo evitar sentir una especie de arraigo (metafísico, en volá) a él y a sus secretos, secretos que por antigüedad yo conozco, o por derecho, pero yo no sé de razones y la verdad no sé nada sobre nada - me las arreglo igual, a medias y con maneras desquiciadas pero hago lo posible.
Y de repente la más grande de las idioteces, suena su voz tan grave, tan sensual y celestial, alargando cada nota una eternidad convirtiendo su canción en deleite infinito, una pizca de por siempre. De súbito mis manos sostienen a las tuyas y luego tu cintura y nuestros labios tan cerca, your cheap perfume, no te dejaré caer en el pecado, el pecado tan delicioso, el pecado más ansiado y nos envolvemos en una danza de color azul que parece no acabarse nunca - ¡Qué genio, tengo que investigarlo! - y sin embargo se acaba, por mi vergüenza, qué chucha estoy pensando, así no es la historia, vuelta atrás, re-plantear los cimientos para propiciar la verosimilitud perdida, maldito seas Celso, te maldigo.
Y te maldigo por tantas cosas, pero por sobre todo por lo que fuiste y lo que serás - lo que eres algún día encajará en las categorías anteriores, por quien te maldijo antes, ojalá supiese quien, lo maldeciría as well. 
Qué sea cree esta otra, tu único lazo fuera de esta realidad que te inventaste, que anda cumpliendo con su función. Nadie le paga, que se quede callada, le ofrecería un cigarro pero ya no fuma, y yo tampoco, pero eso es de la boca para fuera porque de la boca para dentro es otra cosa, y no hay nada, y ojalá Freud me consintiera. Más allá de él, ojalá no haber leído tantas tonteras, ojalá no edificarse sobre barro y gatitos aplastados.
Te recomiendo un trago, el Mango Sour todavía debe estar ahí. Ven a mi casa un día, podemos hacer el amor o la guerra, o ambas juntas como a ti te gusta... ¿O no te gustaba ninguna? No sé la verdad. Qué pena no acordarme.
Qué pena no haberlo sabido nunca.    

domingo, 23 de septiembre de 2012

No hay placer en el silencio

Su historia se escribía bajo el cauteloso velo umbrío de la medianoche, con tinta blanca y un escritor carente de verdadera inspiración pero lleno de emoción. Su historia resguardada quedaría por siempre en la más profunda de las vergüenzas, en la parte más vulnerable del orgullo. Un único protagonista que es a su vez todos los personajes, entra en contacto consigo mismo saliendo de sí, pero hacia adentro, y a partir de ahí los conoce a los otros - cree hacerlo, cree hablar con ellos, cree verlos verdaderamente; sólo es capaz de ver fantasmas.
Con los ojos cerrados se ve mejor, dos viajeros que recorren un sendero de tierras tostadas, descienden por él, suben hasta el sol, bajan hasta el bosque, pasan por las lagunas, las cataratas... Recorren un paisaje que sólo existe cuando ellos pasan, no hay antes ni después, sólo la tierra bajo sus pies. Y los senderos son infinitos, hay más allá que ese majestuoso paraje (su favorito): Hay otro paisaje, también de visita recurrente, uno por el que sólo se atreven andar con unas copas de más. Lleno de nieve, con ruinas enterradas debajo, maravillas secretas que no quieren ser descubiertas. Lo cual no es problema, todo en ese paisaje es tan antiguo, tan incomprensible... Pero ambos destinos se cobijan en la inexistencia - en la manipulación de la realidad, al gusto de quien se vuelve Dios.
El bailarín interpreta su danza más íntima, un baile monótono y espasmódico, visualmente incómodo pero no por eso falto de gracia. Verlo es un pecado, un pecado que muchos anhelan cometer. Los bailarines nunca bailan en el mismo escenario, pero todos la misma danza, no es una competencia sino una diferencia en la interpretación. La danza surgía desde tan adentro, aunque era la más superficial, no requería de público. Ciertos vicios se practican, unos trataban de espiar los bailes de los otros, algunos imaginaban como serían las danzas ajenas mientras hacían la suya propia. Todo era una combinación de factores. 
Algo crecía en su interior cuando llegaba al final, cuando estaba por marcar el punto, algo que quería explotar, algo que quemaba, algo que desesperaba (nadie quería el final de la obra, nadie quería el final del baile, más sólo por eso existían los actos mismos), el desenlace inminente. Estallaba como la primavera, en un silencio forzoso, todo lo que había ya no era nada, todo volvía a ser de nuevo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Limitaciones

Casi siempre voy a dar un paseo y fumarme un cigarro lejos de las cuatro paredes que me cobijan siempre. Es el mismo recorrido cada vez: De la casa a la plaza con los arbolitos, de la plaza con los arbolitos al pasaje con los perros, del pasaje con los perros hasta la costa de aire. El puente que conecta mi isla con la otra isla flotante es bastante endeble, por lo que casi nadie cruza a pie. Yo, que carezco automóvil alguno, no me atrevo a cruzarlo.
Por lo general esta incapacidad no me molesta, no obstante, hay veces en las que me gustaría llegar más allá. Conozco poco de la otra isla, algo muy bello e interesante, pero llegar en barco aéreo no es lo mismo que llegar caminando, no es como si yo estuviese llegando sino que es como si alguien más me estuviese trasladando.
Cuando entro en estas crisis por lo general voy al bazar a comprar un café latte, me siento a beberlo en una roca y medito acerca de si es posible o no cruzar por ese puente. De todas formas no he visto a nadie cruzarlo - en el último tiempo, al menos, la gente que lo cruzó lo hizo hace mucho y hay otros que dicen haberlo hecho pero yo no me he dado cuenta.
El otro día vi a una niña del otro lado del puente. La vi difusa, la distante, la vi morocha, la vi pálida, la vi hermosa. Me hubiese acercado pero el puente seguía ahí, amenazando con caerse. ¿Era más fuerte que yo? Sí. No pude cruzarlo. Aún no puedo hacerlo. Voy todas las tardes, y a veces la veo. Siento que me mira, pero cómo saberlo. Ya no me atrevo a ir en barco aéreo, el Juan me invita a una cerveza pero yo no quiero ir a la otra isla, enfrentármela a ella sin haber cruzado el puente.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Las aves

Apenas cayó la primera hoja, él miró al cielo sintiendo un temblor que le venía desde adentro. Escuchaba el llamado desde la puerta de la cocina pero él no podía hacer nada, era como sí todo su cuerpo se esforzase en desobedecerle. Continuó mirando al cielo, como buscando en su celeste infinito un algo que no era necesariamente una respuesta - el hálito era de pregunta - y que tampoco tenía porqué estar ahí. No obstante, sus pies empezaron lenta y torpemente a alzarse por sobre el suelo, y ya lejos de la tierra e inmerso en el cielo - ¿Se sumerge uno en el cielo, acaso es posible adentrarse en él como quien lo hace en el mar, en una fuente llena de jalea? El cielo no es algo que cubra, que abrace, es un límite eternamente distante, el único límite al final - empezó a ir cada vez más rápido en la búsqueda de quién sabe qué cosa, avanzando y avanzando, sin dirección aparente pues en la bóveda no hay señales de tránsito.
Surcó el cielo incansablemente  hasta que el tiempo no fue más tiempo, hasta que la tierra no fue más que un mero e inservible recuerdo, hasta que todo lo que él era no era más que una nube celestial. Comenzó a interactuar con las otras criaturas flotantes, levitantes y voladoras: Habló con unas cuantas nubes, mucho sabían ellas pues todo lo habían podido ver, hablaban de su raza reencarnante y del ciclo del agua, toda esa mierda a la que sólo los niños bobos prestan atención en la enseñanza básica. Pero las nubes eran muy perezosas y pese a toda su sabiduría se dejaban llevar por el viento, cumpliendo un destino que nos concierne a todos pero les pertenece únicamente a ellas. Intentó hablar con las tormentas, pero éstas eran muy feroces y nada de lo que decían se entendía. Luego habló con una bolsa plástica, que dijo no sentirse identificada con la canción y que le gustaba su estilo de vida libre y completamente prescindible. Los bichos no llegaban tan alto, así que tuve que descender a conversar con algunos. Muy ingeniosos pero muy acostumbrados a las reglas, los bichitos creían en la vida práctica, despreciaban las teorías y lo menospreciaban por andar flotando por ahí. 
Luego se encontró con las aves. Las aves volaban todas juntas como grupo pero separadas en el alma, ignorándose las unas a las otras, siguiendo el camino de una líder que lo único que hacía era guiar. 
- En este preciso instante estamos emigrando - dijo una - huyendo del nocivo frío. Llegaremos un día al calor benefactor, tendremos comida una vez más, descansaremos. Sin embargo el viaje es largo, puedes viajar con nosotras por supuesto pero recuerda: Aterrizaremos.
Eran sus palabras bien una invitación poco cordial o una amenaza, me costó entenderlas. Decidí acompañarlas en su vuelo silencioso (Hay que aplicar las respectivas correcciones, era un silencio relativo, la líder nos indicaba el camino a gritos a veces u otras espantábamos a las amenazas a chillidos) porque ya me tenía cansado tanta interacción con los seres livianos del cielo. En el trayecto conocí los paisajes más hermosos, los climas más exóticos, me olvidé de la amenaza que me habían hecho en primera instancia.
Las aves aterrizaban en el norte, y cuando le alertaron él se confundió un poco. Recordó la tierra, recordó el tiempo, recordó que lo llamaban desde la cocina, recordó que ya iban a ser las 4, recordó que su abuela le daba una leche y un pancito a esa hora. Su abuelo ya se había cansado de llamarlo, ojalá no se haya enojado.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La deuda

Se propicia un acuerdo tácito, una suerte de promesa silenciosa y para todos los bandos desconocida que, no obstante, se cumple. Cuáles son las bases, cuáles son los implicados - que no sean presuntos, no hay respuesta en eso. 
Pero como toda promesa, parece ser una visión al futuro, un pagaré, sin más parece seguir igual de lejano... Los morosos del DICOM no son bien recibidos, pero hasta las miradas de complicidad cautelosa enferman - causan una adicción, el alma se seca en la espera, qué espera, qué espero, el pago, que me salden la deuda.
*
Que no se nos vaya a acabar la paciencia, que no se nos vaya todo de las manos - tan sólo un poco, lo que es necesario para que se cumplan los designios del destino y de las cartas, no hagamos quedar a los adivinadores como farsantes not now, not now.
Y yo sé en lo más profundo de mi ser que esta adicción me llevará a mi destrucción ineluctable, como en las tragedias, pero como buen personaje de esta obra que no es de mi autoría soy mi mayo anhelo es ése: El desenlace. Independiente de que este desenlace conlleve el fin, o anuncie una secuela que no me incluya, la historia se prolonga como una teleserie explotada del 13, hasta más no poder, y los actores queremos retirarnos y volver a nuestras vidas.
Sin embargo los vicios, la sobre-dedicación al trabajo, han producido que finalmente lo que éramos antes no sea más, sino que seamos seres de plasticina moldeándonos en base al guión. 
¿Y cuándo termine qué? Si mi yo se quedó atrás, se perdió... Tendré que reconstruirme desde algo que me es ajeno pero que a la vez, y con mucho engaño, felt so of my own.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Siempre ando con segundas intenciones

Tal vez sea la imposibilidad que se impone desde adentro, o desde atrás, esa imposibilidad que pese a tener múltiples chances se sigue imponiendo sentando sus cimientos en cosas mucho más psicológicas - No diría metafísicas, lo diré igual - que simples hechos, o tal vez sean éstos mismos los que funcionan de fundamento.
O lo uno o lo otro la confusión y la incertidumbre lo mismo, pruebas fehacientes que no dan fe de nada y uno se queda como mirando hacia donde nadar en un mar lleno de algas, de esas que se te meten entre los dedos de los pies y distraen cualquier movimiento seudo-atlético de esperanza. 
Fluctuará entonces entre lo que vendría siendo una especia de aferramiento conformista a un tesoro mucho más valioso que cualquier ideal dionisíaco pero dudo igual del conformismo; es la seguridad de la inseguridad y un montón de incongruencias que se acercan torpes al camino de los clichés. Fluctuará entonces entre un futuro que es como la vista de un barco a la deriva que se encuentra en alta mar rodeado de neblina, dónde está la tierra, será ese manchón de allá, lo mejor es no arriesgarnos dice el capitán, pero uno allá abajo desde su camarote está seguro de que es una costa mas no se atreve a decirlo por miedo a equivocarse.
Por miedo a equivocarme tomo muchas decisiones, sólo una vez ya pospuestas hace mucho tiempo, decisiones invalidadas por la tardanza, una declaración de amor impertinente o una declaración de guerra inesperada.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Los niños jugaban a las escondidas; nunca pude encontrarlos

Fue al rato después del mediodía que nos juntamos a jugar. Quién sabe como decidimos el juego, pero al rato estábamos todos corriendo en distintas direcciones.

Yo corrí y corrí, pasé varios pasajes hasta que llegué un árbol que parecía lo suficientemente grueso de tronco como para resguardarme tras él. Me quedé ahí contándole las hojas unos minutos que se hicieron horas, tuve que salir de mi escondite. Miré a mi alrededor: Nada. Miré más allá: Un par de cosas. Así que para allá fui.

Tuve que cruzar a la otra vereda y tras un auto había uno. Lo miré, me miró, me preguntó:
- ¿Tú eres quién busca?
Le respondí que no, miró al piso suspirando y no me habló más. Pese a su indiferencia me quedé observándolo, tan ensimismado, tan incómodo el silencio. Cuando ya no pude más me fui, pero de repente, él me preguntó:
- ¿Y a ti, te encontraron ya?
Le volví a responder que no, pero para mi sorpresa, me soltó una pequeña sonrisa.

Yo seguí caminando, entonces, pasajes y pasajes ¿En qué momento corrí tanto? Ni hoy me acuerdo. Vi la silueta de una correr pasaje adentro, así que la seguí. Para su mala suerte, era un pasaje sin salida. La escena se repitió una vez más.
- ¿Me encontraste?
- No soy yo quien te busca.
- ¿Y quién es?
- No estoy seguro.
- ¡Viene alguien! ¡Agáchate!
Y me agaché. Era una viejita irritada acompañada de una niña preguntona; falsa alarma. Nos quedamos ahí escondidos un buen rato, con miradas de inesperada complicidad, hasta que me aburrí y le dije que me acompañase a buscar a alguien.
- ¿A quién?
- A quien nos busca - Le dije. Pero me dijo que no, que ella estaba bien, que ella estaba mejor ahora que estaba tan adentro del pasaje, que nunca la iban a encontrar. Como yo no estaba interesado en quedarme ahí por siempre, me fui sin despedirme.

Pasé por una plaza y había otro de los nuestros, completamente a la vista instalado sobre una banca. Me le acerqué, a ver porqué no se escondía. Se lo pregunté.
- Ah, lo había olvidado. Ha pasado harto ya, quizás se aburrieron de buscarnos.
Cuando le conté sobre mis encuentros anteriores, su desorbitada mirada anunciaba una reflexión terrible, pero no me la dijo. Le hice la propuesta de salir, de que me acompañase a buscar a nuestro encontrador. 
- No. Estoy bien sentado aquí. Que me encuentren me da igual, puedo esperar. Y no quiero adelantar el proceso, mucho menos con una idea tan ridícula.
Me retiré lleno de indignación.

Y lleno de pensamientos. Doble varias esquinas, alargué mi trayecto. Hace rato no pensaba, no tanto al menos. Aún así, aún con sus palabras, quería buscar a quien me buscaba. Di varias vueltas hasta que volví a una esquina en la que ya había estado. En un negocio, entre máquinas y niños con olor a perro, había otro. Le dije lo que acostumbraba a decir, él me respondió que ni idea y que no le importaba. Cuando lo ataqué con más preguntas me alejó del grupo y me dijo:
- Me cansé de su juego. Las escondidas son aburridas, aquí los chiquillos me hacen reír y las máquinas nos mantienen emocionados.
- No me gusta dejar las cosas a medias.
¡Mentira! Pero qué lindo que suenan esas frases. No había forma de sacarlo, así que me compré un helado para sencillar los quinientos que mi papá me había pasado, y jugué un rato a las máquinas con ellos. ¡No gané nada!

Ya estaba oscureciendo, y ni rastro de nuestro encontrador. Ya iba llegando a la casa cuando me encontré con otra, que me saltó de la nada.
- ¡Me encontraste!
- Nones, no soy yo quién busca. Tendrás que seguir esperando.
- ¿Y por qué saliste de tu escondite si nadie te sacó?
- No sé, me aburrió.
- Pf, que eres hueón. Así no es este juego. ¿No viste a nadie en el camino?
- No... ¿Nadie ha pasado por aquí?
- Pasó otro niño y yo pensé que era el encontrador. Pero no, así que sigo aquí. Me imagino que voy ganando - Oh, ilusa -  así que no saldré de aquí en un buen rato.
Cansado de sus tonterías competitivas, seguí mi rumbo.

En la esquina de mi casa me encontré con el Andrés. Le pregunté que si estaba escondido, me dijo lo más fabuloso que me han dicho en toda mi vida:
- No lo sé.
Como él no sabía, y no quería dejarlo en medio de la calle, lo invité a jugar cartas Mitos en mi casa. Tan malo para las palabras, pero tan bueno con las cartas. Me gustaba que no hablase, era bacán el Andrés. Han pasado años y aún lo llamo, no para jugar a las cartas, si no para contarle de lo que me pasó el otro día con la China y que puta que estuvo rico. Él me cuenta de ese otro, puta que es hueón el Andrés, siempre con sus dramas raros. No lo entiendo.

Te cuento esto porque ayer en la tarde estaba con el Andrés mismo en el bar tomándonos una chela y nos acordamos de esa vez, y de los cabros, que nunca los volvimos a ver. Pero el Andrés me dijo algo, y me costó dormirme en la noche pensando. Me dijo:
- Pero ahora que me acuerdo, Benja, nunca designamos a nadie para que nos buscase. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Acerca de los espejos rotos (Parte II)

El humo le bailaba coqueto a su alrededor, mientras él se sumergía en su propio mar. Pensó en lo que había escrito, en lo que había tachado: Los finales felices jamás le gustaron, pero de verdad sentía que estaba siendo injusto con su personaje. "Soy harto maricón" se dijo, y se sentó en la escalerita del pórtico. Se le ocurría un cambio drástico en la trama, un efecto de choque, un montaje para acelerar el proceso. Tenía miedo de arrepentirse después, de cagar la trama, tener que reestructurar todo para devolver la coherencia...
- Tantas lunas.
Alzando la vista, lo vio. Qué acertado, cuántas lunas.
- No creí verte por aquí, aunque debí habérmelo esperado: Siempre fue tu onda. 
- ¿Qué haces aquí?
- Tenía como sed - Tomó asiento junto a él - ¿No me vas a convidar un cigarro? Qué roto - No pudo resistirse - Tan pensativo que estái huacho, quizás por dónde andas metido ahora.
- Ciertamente, en nada. Tan sólo... Tuve un ataque de esos en los que uno agarra involuntariamente el lápiz. De eso ya varios meses y ahora tengo como sesenta páginas de una hueá que ni yo cacho que es. Ni qué rumbo tomará. De hecho, eso es exactamente en lo que estaba pensando -
- ¿Y de qué trata? - 
- No te lo podría explicar -
- Ya andai con tus hueás raras. Terminémonos los cigarros y te invito un café, me muestras lo que llevai y te aconsejo - Como si quisiese sus consejos - sobre como llevar la obra -
Hablaron de banalidades y entraron. Se sirvieron ambos un café, pero distintos cafés. Él intentó desviar a su inesperado contertulio lejos del tema del texto. La verdad, no quería que lo viera, con sus notas y sus borrones. Quizás que iba a pensar.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Acerca de los espejos rotos

Le surgieron de forma simultánea dos sensaciones igualmente desagradables: Una náusea que le recorre de abajo hacia arriba y se acompaña con una expresión facial casi gráfica y completamente delatadora - suerte que nadie estaba viendo, y pudo reservarse para sí la patéticamente histriónica escena; algo que ambiguamente fluctúa entre los celos y la envidia - ambas juntas, cada una por separado, se requiere información adicional - pero independientemente de cuál sea es igual de innoble, como lo fue desde un principio, como lo fue antes de él.
Soltó el lápiz espasmódicamente cuando hizo la siempre vergonzosa segunda lectura. "Mierda" se dijo, los detestaba a todos pero su acción lo amarraba a ellos, a ellos que querían estar amarrados y a los otros amarrados póstumos y también a ésos que se amarraban inconscientemente. "Puta la hueá" se dijo, pidió permiso y salió del café. Aborrecía al tipo del sillón de la entrada, delgado como niño africano, siempre rodeado de mujeres hormonales. Por otro lado, le encantaba la que le servía el café - así, ajeno - con sus ojos color mar y su cabello color de abismo. 
Encendió un cigarro, barato no más, se le había escurrido la plata del mes entre las manos. ¿Por qué todo lo que le rodeaba tenía que ser tan... prefabricado? Añoraba la fluidez del lenguaje natural, ése que le surgía a uno en conversaciones triviales con los amigos. Pero sus amigos ya no estaban, él los había alejado. En cambio, tenía a una serie de personas que hacían referencias y comentaban el pasado como si de verdad importase. Aún así, detestaba la originalidad - No, lo que aborrecía era su deseo, su búsqueda, su necesidad.

jueves, 23 de agosto de 2012

La Explosión

Cuando estaba todo apunto de estallar se dio cuenta de que nunca supo dónde estaba la bomba. Se había preocupado de describir su composición - de manera teórica, pues nunca pudo conocerla; estudiar las consecuencias que traería para su vida y la de los demás; que tan amplia sería y qué características tendría la explosión. 
Todos sus estudios en base a un constante tic-tac, un sonido copioso que parecía venir desde siempre, o desde antes... Pero se repetía y se repetía. Le ponía nervioso en un principio, pensaba constantemente en un final inminente. Cuando se acostumbró desarrolló un complicadísimo de explicar sentimiento de afección a la bomba y a su tic-tac, se convirtió entonces en un pilar fundamental de su vida. Pero no la entendía.
El cambio llegó ahí, cuando se dio cuenta de que no la comprendía. Entonces, por las noches y por las mañanas y con los cigarros y el café y en el metro pensaba en su tic-tac. No con añoranza, no con miedo, sino que con inquietud. Y así fue creando hipótesis sobre la composición de la bomba.
Yo no entiendo de bombas, él me lo explicó una vez pero no lo entendí. Algo de unos cables. Recuerdo también que dijo que era una bomba de lo más común.
Pero para él no lo era. Él sabía que había algo distinto en esa bomba, había algo que lo mantenía pendiente del tic-tac y la conchesumadre, sabía que no era como otros tic-tac de otras bombas. Pero no lo descifraba. Y eso le gusta de sobremanera.
El tic-tac cambió su velocidad el otro día, se apresuró. Sus cálculos le indicaron que la bomba finalmente explotaría. Él estaba expectante, no podía esperar por morir. Quizás haya sido el interés patógeno, tal vez sólo quería dejar de escuchar el tic-tac. Todos le creyeron, su círculo de amigos - qué idiotas - compartían los resultados de las operaciones matemáticas.

Pero la bomba no estalló. Así como no estalló la semana pasada ni la anterior. Y así han pasado ya casi diez años.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Conclusión apresurada

Pensé por un instante que la decadencia en la que estoy sumido tenía una estrecha relación con su ausencia. Pues, ahora que ha vuelto a aparecer, me doy cuenta de mi equivocación. Lo que me arrastra hacia la conclusión de que esto no era un simple melodrama y tal vez me estoy yendo de mis manos. 

Dentro del pozo

Por qué será que siento que me ahogo, que se me llueve el rostro, que todo es un clavo salido en mi silla, que no puedo flotar ni quiero hacerlo, que la desesperanza se instaló aquí junto a mí, y en su abrazo yo guardo el silencio de los que dicen adiós.
Se quería ir, es más, se estaba yendo ya. Se llevaba consigo los artículos que jamás publicó en el periódico local (por miedo a tener que lidiar con el rechazo) y las fotos tamaño carné de su perro, al que abandonó camino a la estación. Se llevaba consigo la ropa desgastada y los zapatos con barro; una agenda llena de planes y tareas que ahora jamás realizaría - No se la llevaba, realmente, quería despedirse de ella en la estación, un último suspiro y un único adiós.
Mi mayor duda no es, sin embargo, el por qué. Tengo que asumir muy a mi pesar que tengo bien claros los antecedentes de mi situación actual. Debí haberlo previsto, pero soy tan estúpidamente inútil. Mi verdadera duda, aquélla que me atormenta verdaderamente, es la duración de esta caída. O cuánto me tardaré en subir de nuevo. Pero como señalé antes, me es tan complicado ver la luz, y el día está tan nublado también... 
No se llevaba consigo ningún adiós, se iba acompañada de su usual silencio, de su sepulcral quietud. Cuánto tiempo corrompió sus juramentos. Ahora al fin se marchaba y el cielo le lloraba, irónicamente, ella no había querido ver a nadie llorar (Ni siquiera a sí misma, pero no podía, asunto resuelto).
Pero eso no es algo malo. Al menos el cielo combina conmigo hoy.
Anhelo poder desahogarme un día, deshacerme de mis miedos e ir a confesar mis pecados, mis inseguridades y mis tristezas, sin este rechazo por mi ser que me rellena estos días. Quiero saber que hay un plano, y que si me derrumbo podré ser reconstruido.
Mas cuando el tren se marchó, no pudo evitarlo. Lo vio comprando en el negocio que estaba a la salida de la estación, se veía desde el camino. Él sólo miró el tren, sin darse cuenta de que ella iba adentro. Debía de haber pensado, como acostumbraba, en cuánta gente se habrá marchado y porqué.
Y sí hay uno, pero yo quiero otro, otro que también está, pero tengo mis dudas, tengo mis miedos. Quiero morir en paz.
Pero ella lo vio a él, a él únicamente, el último vestigio de un pasado agonizante.

lunes, 13 de agosto de 2012

*Borrador sin publicar*

Había olvidado que habíamos construido el castillo en barro.

Las artes ocultas

Cuál es la vía de evacuación, dónde está la salida. Recuerdo cuando aún tenía esperanzas, pensaba que podría salir algún día de este laberinto que me tiene cautivo hace ya tanto... Intento e intento, mas no consigo liberarme - pero quizás me estoy planteando mal el concepto. Seré yo mi secuestrador, uno involuntario (en el mejor de los casos pues de actuar consciente... uf). Tanto tiempo ya andando en círculos, me sé el camino de memoria, desconozco eso sí a qué se debe la duración extra de este pasadizo, dónde estará el vértice. Oh, será que lo paso por alto, y mi camino está en esa esquina que rechacé - aún me creo merecedor de descartar opciones, miserable iluso. Bien podría ser, sí, sí, pero me gusta el laberinto. Así es porque tengo miedo de estar fuera de este esquema que aparenta ser brutal, pese a todo me da una seguridad enfermiza. La vida después de es impensable.

Ya ni siquiera tengo coherencia. Ni cohesión. Quiero desconectar todos los cables, que se me apagué el pc, que nadie pueda prenderlo forzadamente. Cualquier referencia externa es una mera estupidez, no hay que tomarme en serio. Eso es lo que yo hago, desde que me di cuenta de que mi ser es una enorme tontería y... y... Ah, imbécil imbécil, con tus sueños, con tus ojitos brillantes, con tus secretos burdos, con tus miedos, con tu estupidez e ignorancia, con tus limitaciones, con tus lágrimas en el baño. 
Quiero que los perros me desgarren la carne, quiero que miren sin misericordia el homicidio, que nuestras miradas se crucen, darme cuenta de las mentiras.

viernes, 10 de agosto de 2012

Diálogo

Me agobia pensar que estoy eternamente condenado a esta cárcel que soy yo, con todos mis limites y el peso en la espalda y el pasillo estrecho en el que estoy. Quiero renacer, como ya lo he hecho muchas veces. Quiero decir adiós, quiero hacerme a un lado. 
¿Será la soledad de la que nos hablaban el otro día en lenguaje? Pero no me siento solo, me siento disconforme - totalmente distinto, desde mi perspectiva y circunstancia. 
Qué vergüenza, qué desilusión, qué pena.
Estoy consciente de mi condición de victimario, pero también de víctima.
Qué dualidad más estúpida.

Recuento

Si fuese una planta me cortaría los dedos de las manos y me arrancaría la lengua; sentiría el dolor del castigo pero me libraría de esos miembros que tan contraproducentes me son. Ellos volverían a crecer, rebosantes en castidad (¿O carentes de pecado?) y oportunidad. 

Con toda la imposibilidad de las situaciones, evocadas sin elegancia en realidades alternas, con toda su estructura de sueño adolescente, con sus detalles de libro con vagina y diálogos de telenovela venezolana, tengo la duda si es que en verdad deseo verlas volverse realidad. No son ellas el problema; si las tengo en mi mente todo está dentro de mi control - pese a mi discordia creativa intento mantener la verosimilitud en la historia. Mas, si salen, si ya no son más un sueño, si son tangibles en la abstracción, me voy a la chucha, no hay control, las imperfecciones saltan. Si hay un comienzo hay un final de inminencia indefectible. No habrá más retrocesos ni ensayos en el Metro con dirección Vicente Valdés.

Cuando saltemos en la piscina, sin saber nadar, allí sabremos lo que es la libertad. Allí nos arrepentiremos de las tonteras que queríamos. Pero de todas formas estaremos tú y yo ahí, agitando nuestros miembros en patéticos intentos de nado, y puedes estar seguro - porque puta que lo voy a estar yo, y puta que voy a estar contento - de que ya no hay más futuro. Y como en un cuento que una vez leí, de ésos que tú nunca lees, habremos acabado con la historia cerrándola en la perfección, convirtiéndola en el recuerdo más hermoso de nuestras vidas perecederas.

Me jugarán siempre en contra la cobardía y el remordimiento. Una cobardía que nace desde algo muy lógico - desde la única clase de ejemplos que funcionan: Los que ya fueron puestos en práctica. Así, tal cual. Y el remordimiento, porque creo que el calma me pega una patá en el hocico...

domingo, 5 de agosto de 2012

Terrible de trillado

¡Yo lo quiero a él! ¡A él, única y verdaderamente!
Sé que nunca podré tenerlo,
     pero jamás he podido tener a quien yo quiero.
     Me he entregado, tengo que asumirlo y sin vergüenza;
     se han puesto frente a mí, sobre mi cama, sedientos,
     con esa sed adolescente que quema por dentro como fuego,
pero jamás he podido tener a quien yo quiero.
Menos a él, no me lo merezco
     ¡Ni cagando!
Y él no me querrá nunca de vuelta, nunca nunca jamás jamás.
Porque como soy yo, y como es él, pero en especial yo con todas estas cosas que ni yo quiero - siempre dicen que uno tiene que quererse primero, no soy capaz, estoy mintiendo para darle más tragedia a mi situación de por sí patética, pero una hipérbole no le viene mal a nadie.
En realidad sí.
No obstante,
     Sin embargo, si así se prefiere
Todo permanecerá en perfecta estabilidad
     al borde de la cordura, al borde del suicidio
     con el llanto nocturno, el suspiro matutino
     y los ojitos que brillan llenos de inocencia (Caré raja po hueón)
     la espera eterna, que es en realidad increíblemente breve
     pero cómo se me desgarra el alma en la espera.
mientras él me deje quererlo,
quererlo en el más profundo de los secretos
el más vergonzoso, el más humillante, el más decepcionante
     Aunque él lo sabe, pero no sabe que yo sé
     y todos saben, todos saben pero nos mentimos entre todos
     qué buena que es la gente a veces. 
Hasta que me cure de esta enfermedad, que viene de repente.

domingo, 29 de julio de 2012

Notas del narrador

"Ambas protegían su pequeño mundo de los asedios foráneos. En el castillo vivían únicamente ellas dos, una guarida que habían construido con sus propias manos. Todos se acuerdan como empezó - No había nada, ellas se encontraron, lo decidieron tácitamente un día. De lo que nadie se acuerda es de cuándo estuvo terminado. Un día estaba a la mitad y al otro... Una obra magistral de la arquitectura se alza sobre las cabezas de aquellos que apenas pueden construir una casa. Yo no sé, llegué después y por equivocación.
Circulan muchos rumores acerca de qué hay dentro del castillo. Recuerdos, fiestas, pinturas, poemas, bailes, botellas vacías de alcohol y baldes para vómito en desuso, sexo, anillos, ropa. Nadie ha logrado entrar pero muchos han visto las fotografías del interior. Ni el más experto fotógrafo consigue captar las cosas que él pasa por alto en su arte, sólo lo que es relevante ante sus ojos.
Mucha gente vive afuera del castillo, como yo. Unos por interés, desgraciados sean; otros llegamos por equivocación. Nos plantamos aquí y ya no podemos irnos. Son señoras feudales, trabajamos para ellas y hay un contrato... ¿Cuándo lo firmé? Probablemente había bebido mucho ron esa noche. Es tan rico el ron.
Me quiero ir. No soporto su poder panóptico. No sé cómo escapar mas aún así siento que estoy atrapado por voluntad propia. Tal vez no me quiero ir de verdad, estaré muy acostumbrado al valle y la tranquilidad, o al resguardo del castillo. Qué sé yo. Es por conveniencia que me quedo, supongo. Irme requeriría mucho esfuerzo."

sábado, 28 de julio de 2012

No sabrás, no sabrás.

Puedo fingirlo todo. Puedo aguantarme las ganas de darte un beso cuando te tengo en frente. Puedo mantenerme cuerdo cuando te tengo impregnado en las manos. Puedo contener las lágrimas. Pero no puedo engañarme a mí mismo. Mi alma se estremece cuando oigo tu nombre, ardo en llamas cuando estás en alguien más, se me electrifica el cuerpo al ver tus fotos. 
No sabrás, no sabrás.

viernes, 27 de julio de 2012

¿Y quién me responde las preguntas?

No puedo responder mis propias preguntas.
¿Soy como ellos o soy peor que ellos?
¿Estoy condenado acaso o yo cavé mi propia tumba?
¿Habrá alguna verdad detrás de tanta superstición?
¿Por qué hay tantos letreros que no llevan a ninguna parte?
¿Me resigné sin darme cuenta?
¿Habré elegido bien?
¿Podré arreglar las cagadas del pasado?
¿Quién mató a la Lucifer?
¿Por qué su nombre me humedece los ojos de inmediato?
¿Por qué deseo quemar esa casa que no es casa pero es una buena metáfora? 
¿Qué pensará él?
¿Importa?
¿Y hasta cuándo la espera?
¿Hasta cuándo la decadencia?
¿Hasta cuándo la disidencia interna?
¿Por qué no me siento mío?
¿Quién me arrebató de mí mismo?
¿Tendrán algo de verdad los soliloquios ajenos que escribo en mi mente cuando voy en el metro?
¿Y los míos, tienen algo de verdaderos?

miércoles, 18 de julio de 2012

Tuve un sueño hoy

En el sueño estábamos yo y una compañera, personaje absolutamente prescindible en mi diario vivir (¿Cómo serán invocadas las personas por Morfeo?). Ambos nos habíamos enamorado de un Dios, que tenía una actitud coqueta con los dos cuando se encontraba en tierra, lo que era la menor parte del tiempo.
Llegaba un momento en esta competencia en la que nos desafiábamos a declararle nuestro amor al Dios. Ella iba primero; como en mis sueños yo soy tanto personaje como testigo distante, pude observarla. Le miró a los ojos y le juró su alma y su corazón, mas el Dios la rechazó. "No eres a quien espero", le dijo. Cuando fue mi turno no pude pronunciar palabra, y entre temblores y lágrimas anuncia mi retirada. Huí hacia el averno, los demonios se alzaban amenazantes, pero el Dios agarró mi brazo como en película romántinca penca y me dijo que siempre lo supo, que él también tenía miedo, etcétera. Luego me besó y ambos ardíamos en llamas blancas por el resto de la eternidad.

Me pregunto si alguien más puede ver lo que yo veo en este sueño.

viernes, 13 de julio de 2012

D E S L E A L

Estoy emputecido conmigo mismo. No puedo creer la clase de basura humana que soy. ¿Cómo puedo, siquiera, vivir conmigo mismo?
He estado reflexionando acerca de las relaciones interpersonales que establezco, con especial detalle en aquellas que se rompen. Mucha gente dice que la gente se aleja, que te abandonan, que no son leales... Es cierto. Pero en mi caso, lo que es verdaderamente cierto es que la descripción se aplica a mí. Yo soy quien deja siempre a la gente. Hago caso omiso de los constantes esfuerzos de mis amigos por salvar la relación, distraído yo por algún juguete nuevo. Dejo a la gente tan fácil, cuántas personas miro con nostalgia en mis recuerdos, donde fueron condenados a yacer por mí y sólo por mí. 
Qué despreciable ser soy, con cuánta culpa cargo, qué asco.

martes, 10 de julio de 2012

Diario en el teléfono (Parte I)

He estado lejos de mí mucho tiempo, me han crecido raíces en suelos infértiles y hoy necesito deshacerme de ellas para echar a andar.
Tengo un montón de preguntas sin respuesta, ni siquiera sé si son acaso las preguntas correctas. Tampoco sé si quiero la respuesta. El estado de incertidumbre y sospecha me ha entregado una inesperada seguridad que es, tristemente, muy frágil.
Yo mismo tengo la culpa, yo y mi luctuoso ser... Y eso me lleva a nuevas preguntas. Acaso tendré que alejarme de mí mismo o volver al yo auténtico. 
Durante las noches de soliloquios incesantes, he desahogado el deseo de plasmar en tinta mis caudalosos pensamientos escribiéndolos en mi teléfono, irónicamente, como mensajes en estado de "borrador". Los siguientes testamentos vienen a ser, en una vaga aproximación, un fallido diario de vida:

  1. 6 de Mayo "Estoy teniendo una de esas nostalgias que ahuecan el alma quitándole el sentido a la vida. Cómo me gustaría quebrantar los márgenes de la temporalidad y extenderme omnipresente por cada aspecto de lo que fui, de lo que no, y de lo que quise ser."
  2. 6 de Mayo "Mi falta de persistencia y ausencia de voluntad me arrastran a demostrar concretamente mi mediocridad, humillándome frente a todos los jueces (quienes, cuando en regresión, mentón arriba en reminiscencia del éxito obtenido). Envidio su orgullo, anhelo que el futuro sea un pasado de conquistas, contraponiéndose al pretérito de turno. Oh, tantas manchas de vino." Una nota acerca de las dos entradas anteriores: La fecha de ambas es errónea.
  3. 21 de Mayo "Arrepiéntome de pensar y de sentir esta manifiesta ambigüedad que me mantiene en la indecisión. Ya no sé si mi actuar viene de aquí o de allá, mas ambos polos son infamia bochornosa. Ahora está latente, por eso me molesta, no ser capaz de ignorar. Concluyo que, contrariamente, esto es por mí y no por el resto."
  4. 22 de Mayo "¡Es esa mirada! La forma como descansan en mí sus ojos, bañados en paz, somnolencia  y satisfacción. Puta es la mirada que soslayo accidentalmente entre tímidos pestañeos, representación ficticia del deseo no consumado. E inconsumable, tal vez, porque no hay tal en esta realidad mundana; me veo obligado a darle génesis en lo inmaterial para saciar el deseo. Trágica la ausencia del conjuro en las estrellas a simple vista, desgracia que quienes tengan la capacidad sean tan inalcanzables como las mismas." Una nota acerca de esta entrada: Está llena de indignación y negación, es probablemente uno de mis escritos más falsos.
  5. 31 de Mayo "¿No te das cuenta? Estoy muriendo, eres cáncer."
  6. 19 de Junio "No puedo dormir. A diferencia de las otras noches, esta vez no es ni la erosión mental ni los fan..." Una nota: Como se puede apreciar, está inconclusa. No soy capaz de completarla pues no recuerdo como debía continuar.
  7. 2 de Julio "Una vez que sea real, te lo suplico..."
  8. 3 de Julio "Arriesgué tanto en la incertidumbre, persiguiendo el anhelo de consumar una fantasía silenciosa sin prever las consecuencias. Hoy, la disposición de los objetos carece de un patrón, parecen estar situados si no equívocamente, aleatoriamente. ¿Cómo puedo darle cabida al análisis del presente cuando no tengo comprensión del pasado?¿Y qué hay del futuro, por qué siento que todo va en picada?"
  9. 10 de Julio "La pregunta, ahora, es qué camino van a tomar los exploradores. El sendero por el que han caminado es muy largo y los trae agotados. Uno de ellos, poco audaz y menos inteligente, pero con todo el corazón en la expedición, desea tomar el camino de la izquierda. Mas no se atreve a proponérselo al otro, pues las intenciones de éste no son claras. ¿Seguirán avanzando en línea recta? ¿Existirán más caminos?"
¿Quién será capaz de descifrar mi mierda si yo no puedo?

martes, 29 de mayo de 2012

La sirena

Y aunque él así no lo quería, por mucho que se había mentalizado para evitarlo, el canto de las pérfidas sirenas lo sedujo, barlovento se dirigió hacia la costa. La neblina creaba una atmósfera de gris melancolía, que misteriosa ocultaba el destino. Las criaturas seguían con su canto tentador, de niña pervertida, de sexualidad inocente, de erotismo espontáneo, y él las escuchaba con deleite. Pudo ver entre la bruma la costa de verde esmeralda, y en una roca a la autora de la melodía. Desembarcó con miedo a lo desconocido, sin embargo decidió avanzar hasta la ninfa del mar. Junto a la roca se tendió, agotado, y ella indiferente continuaba con su canto.
- Oh, hermosa sirena, no es necesario que sigas cantando. Escuché como me llamabas con tu voz armoniosa y estoy aquí en tu playa de jade aguardando tu mirada, amándote con lo más profundo de mi ser. - La sirena no contestó. - ¡Oh, hermosa sirena, cuánta crueldad! ¿Por qué me trajiste aquí engañado, por qué me convertiste en víctima de tu tentador embrujo cuando no era yo a quién buscabas?
Ella, indignadísima, le observó con desprecio. Díjole así:
- Culpa mía no es que hayas caído en el embrujo del que hablas, viajero, pues no hay tal. Yo no soy quien piensas, yo no tengo las metas que tu sospechas, yo sólo yazgo aquí sobre una roca siendo yo misma, expresándome tal como soy. No eres el primero que arriba confundido en mi isla, dudo serás el último, buscando pasión y muerte. Yo no tengo nada para darte, pero puedo darte una solución. Descubre el placer de mí en ti mismo mientras me observas, como todos los demás atrás de la roca.
Efectivamente, una veintena de hombres masturbándose contemplaba a la sirena, enajenados absolutamente. Ella no los miraba, pues sabía que ninguno la entendía. Si bien esta era su isla, tenía otra, una mucho más pequeña donde sólo cabía ella, y allí tenía paz. Aquí en lo mundano los tenía a todos engañados, creyendo estar cerca de ella y del goce que ella era capaz de proporcionar. Mas sentía una profunda pena por todos ellos, engatusados involuntariamente; ellos que no existían, ellos que estaban fuera de la isla. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Alguien lo dijo en Tumblr

"Uno. Uno es seguro. Uno siempre será uno. Divide o multiplica uno por sí mismo una cantidad infinita de veces, obtienes uno. Dos. Ahora, eso es peligroso. Eso es duda, incertidumbre, inseguridad y peor aún, dependencia. Un adición a uno es todo lo que se necesita. Lo que se necesita para odiar a uno y temer a dos, quedarse en un limbo por el resto de la eternidad."

lunes, 30 de abril de 2012

Abril 30

Encontrar pareja se ve tan fácil para todo el mundo, y aquí estoy yo con casi dos años de soltería encima. Antes, cuando estaba expuesto al mundo y me preocupaba de, tenía uno que otro pretendiente pero ninguno llamaba especialmente mi atención. En ese sentido, en lo que respecta a que una persona me guste como tal y no como un objeto sexual (la última situación que me ocurre bastante a menudo), me es muy difícil hallar a alguien que cumpla con los requisitos. Cuáles son éstos, se preguntarán. No conozco la respuesta. Los parámetros de interés que tengo se basan generalmente en que la persona sea distinta, resalte o contraste en la multitud de masas que le rodean, con rasgos que van desde cosas absolutamente negativas ante los ojos de cualquiera hasta cosas que carecen de sentido alguno. Pero de una forma innata, no la forma forzada que tienen en mi grupo etario para intentar ser incoherente, loco (qué mal usada y devaluada está el término ahora), especial, diferente. Es desagradable cuando la gente lo intenta mucho, y tengo que lidiar con gente así en mi día a día. No es que sea o sean desagradable o desagradables, pero fastidia tener que resistirme a decirle o decirles "Sinceramente, cabes en todos los grupos que tú mismo estás mencionando. Por favor, deja de hacerte a un lado cuando estás igualmente inmerso."
Pero retomando, en mi entorno actual son pocos los que llaman mi atención. Me atreveré a decir nombre sin tapujos porque igual nadie lee esto y me importa un pico porque serán cosas que yo creo buenas y si no lo fuesen qué tanto. Está, por ejemplo, la indefectible Francisca, quien es la fuente de honestidad, amor y verdad jamás pedida, entre muchas otras cualidades. O la Sttacy, con su impulso por hacer el bien que contrasta en nosotros, su oscuro entorno. El Cristóbal también, cuya personalidad es como un laberinto de múltiples trampas. Y la Tamara, que no puede ser salvada por nadie más que ella, y nadie lo sabe mejor que ella misma. Y la Kona, y ojalá lo lea algún día, con quien siempre sentí una conexión casi de horrocrux, parte de ella en mí y parte mía en ella, y lo siento hoy y no lo dejaré de sentir nunca. Entre otros, que no son muchos, pero no es la gente específica el tema.
Por supuesto, ninguno de los anteriores representa a una posible pareja. Supongo que es porque ya arraigué un sentimiento de amistad con ellos que no me gustaría romper, aunque por supuesto hemos pasado a lo físico antes, en un sentido más amplio digo. 
Además, ahora que me mantengo desconectado y no propenso a la interacción social me es mucho más complicado encontrar personas. Pero esto es inducido por mí mismo y podría corregirlo cuando me plazca, el tema es que tiene algo divertido creer que en este estado podría aparecer mágicamente una persona de aquéllas que no se olvidan con facilidad. De mantenerme en contacto con el mundo, pasarían dos cosas trágicas: La pérdida de conexión conmigo mismo (que tanto me ha tenido debilitado pero por suerte pude arreglar) y la conexión prolongada con gente cuya participación en la obra de mi vida debiese haber sido esporádica.
Supongo que lo único que me queda es esperar y pasar frío en las noches, un frío más que físico, emocional, y más que azul, grisáceo, y más que solo, no acompañado.