miércoles, 5 de septiembre de 2012

Acerca de los espejos rotos (Parte II)

El humo le bailaba coqueto a su alrededor, mientras él se sumergía en su propio mar. Pensó en lo que había escrito, en lo que había tachado: Los finales felices jamás le gustaron, pero de verdad sentía que estaba siendo injusto con su personaje. "Soy harto maricón" se dijo, y se sentó en la escalerita del pórtico. Se le ocurría un cambio drástico en la trama, un efecto de choque, un montaje para acelerar el proceso. Tenía miedo de arrepentirse después, de cagar la trama, tener que reestructurar todo para devolver la coherencia...
- Tantas lunas.
Alzando la vista, lo vio. Qué acertado, cuántas lunas.
- No creí verte por aquí, aunque debí habérmelo esperado: Siempre fue tu onda. 
- ¿Qué haces aquí?
- Tenía como sed - Tomó asiento junto a él - ¿No me vas a convidar un cigarro? Qué roto - No pudo resistirse - Tan pensativo que estái huacho, quizás por dónde andas metido ahora.
- Ciertamente, en nada. Tan sólo... Tuve un ataque de esos en los que uno agarra involuntariamente el lápiz. De eso ya varios meses y ahora tengo como sesenta páginas de una hueá que ni yo cacho que es. Ni qué rumbo tomará. De hecho, eso es exactamente en lo que estaba pensando -
- ¿Y de qué trata? - 
- No te lo podría explicar -
- Ya andai con tus hueás raras. Terminémonos los cigarros y te invito un café, me muestras lo que llevai y te aconsejo - Como si quisiese sus consejos - sobre como llevar la obra -
Hablaron de banalidades y entraron. Se sirvieron ambos un café, pero distintos cafés. Él intentó desviar a su inesperado contertulio lejos del tema del texto. La verdad, no quería que lo viera, con sus notas y sus borrones. Quizás que iba a pensar.

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