- Tantas lunas.
Alzando la vista, lo vio. Qué acertado, cuántas lunas.
- No creí verte por aquí, aunque debí habérmelo esperado: Siempre fue tu onda.
- ¿Qué haces aquí?
- Tenía como sed - Tomó asiento junto a él - ¿No me vas a convidar un cigarro? Qué roto - No pudo resistirse - Tan pensativo que estái huacho, quizás por dónde andas metido ahora.
- Ciertamente, en nada. Tan sólo... Tuve un ataque de esos en los que uno agarra involuntariamente el lápiz. De eso ya varios meses y ahora tengo como sesenta páginas de una hueá que ni yo cacho que es. Ni qué rumbo tomará. De hecho, eso es exactamente en lo que estaba pensando -
- ¿Y de qué trata? -
- No te lo podría explicar -
- Ya andai con tus hueás raras. Terminémonos los cigarros y te invito un café, me muestras lo que llevai y te aconsejo - Como si quisiese sus consejos - sobre como llevar la obra -
Hablaron de banalidades y entraron. Se sirvieron ambos un café, pero distintos cafés. Él intentó desviar a su inesperado contertulio lejos del tema del texto. La verdad, no quería que lo viera, con sus notas y sus borrones. Quizás que iba a pensar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario