Tal vez sea la imposibilidad que se impone desde adentro, o desde atrás, esa imposibilidad que pese a tener múltiples chances se sigue imponiendo sentando sus cimientos en cosas mucho más psicológicas - No diría metafísicas, lo diré igual - que simples hechos, o tal vez sean éstos mismos los que funcionan de fundamento.
O lo uno o lo otro la confusión y la incertidumbre lo mismo, pruebas fehacientes que no dan fe de nada y uno se queda como mirando hacia donde nadar en un mar lleno de algas, de esas que se te meten entre los dedos de los pies y distraen cualquier movimiento seudo-atlético de esperanza.
Fluctuará entonces entre lo que vendría siendo una especia de aferramiento conformista a un tesoro mucho más valioso que cualquier ideal dionisíaco pero dudo igual del conformismo; es la seguridad de la inseguridad y un montón de incongruencias que se acercan torpes al camino de los clichés. Fluctuará entonces entre un futuro que es como la vista de un barco a la deriva que se encuentra en alta mar rodeado de neblina, dónde está la tierra, será ese manchón de allá, lo mejor es no arriesgarnos dice el capitán, pero uno allá abajo desde su camarote está seguro de que es una costa mas no se atreve a decirlo por miedo a equivocarse.
Por miedo a equivocarme tomo muchas decisiones, sólo una vez ya pospuestas hace mucho tiempo, decisiones invalidadas por la tardanza, una declaración de amor impertinente o una declaración de guerra inesperada.
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