sábado, 19 de enero de 2013

A un costado del río

- No me abandones...
- Recuerda que esto no es por ti.
- Pero de todas formas: no habrá más sin ti.
- Ya no queda nada de nosotros, todo acabó esa tarde, y tú lo sabes bien. Lo que ha ocurrido desde entonces ha sido una prolongación patética de una vida falsa. Ambos estamos muertos. (Se voltea hacia ella sutilmente, sin mirarla)
- Lo estarás tú, pero yo ya no. Encontré la forma de resucitar. Te puedo ayudar, pero por favor, no me dejes sola.
- Conmigo o sin mí, sola estás igual. Mi compañía es irrelevante.
- ¡No digas eso! ¡Eres lo único que tengo!
- (La interrumpe, alzando la voz más que ella) ¡Ni tú ni yo tenemos nada ya! ¿No lo entiendes? No somos nada, tan sólo fingimos por miedo a aceptar nuestra verdad.
- Si es que eso es verdad... Yo asimilé la mentira. Ahora soy la mentira, y me gusta. Al menos algo soy.
- ¿Aún piensas en ella?
(Se hace un largo silencio. Ninguno de los dos se mira - ella mira al piso, él mira el río)
- Sabes que sí.
- Yo también. Siempre.
- Tenemos una promesa, le debemos un juramento. ¿Te marcharás sin cumplirlo?
- Hice lo que pude, con eso me conformo.
- No es suficiente.
- ¡¿Qué mierda quieres entonces?!
- Que te quedes. 
- (Quebrándosele la voz) Si todo acaba aquí, qué harías.
- Me iría, sin ti aquí, éste ya no es más mi lugar.
- Tienes un futuro, no estás condenada como yo. Ojalá te libres de su recuerdo. Te amo.
(Él salta. Ella extiende un brazo hacia el cuerpo de él, un gesto patético e inútil. Ella se cruza de brazos, rompe en llanto. Solloza unos momentos, todo el escenario en completo silencio; alza la cabeza, aún con lágrimas en los ojos, mirando el río.)
- Pero me has condenado nuevamente.
*

viernes, 11 de enero de 2013

El significado del primer símbolo eterno

Es básicamente un autorretrato.
Es una alegoría a la pretensión del ser humano en la vida social: hipocresía, cinismo. A la superficialidad del mismo, es una transparencia en la cual se puede ver su verdadera identidad, si es que se le puede llamar de tal forma a la decadencia de su propia individualidad consumida por un entorno que le corrompe constantemente.
Pese a haber alcanzado su destrucción hace ya mucho, en su negación imita los patrones de comportamiento de quienes lo rodean (que a su vez siguen sus propios patrones, y los patrones originales quedaron en el olvido donde las palabras se pierden y se queman) hasta que comienza a creer que son suyos propios, que le son innatos y que son originales. Nada más falso.
Representa vivir en la mentira. Sucumbir ante el engaño mismo. La flaqueza del ser frente al entorno hostil y su admirable capacidad de adaptación - la cual resulta, a fin de cuentas, contraproducente. Se sumerge en las tertulias que bordean por este y oeste la medianoche si(gui)endo códigos de vestimenta y movimiento, de vicios y de placeres. Códigos ya escritos previamente por quienes vivieron la misma situación antes que él.
No obstante, él es distinto al ser ya definido.
Él se sabe mentiroso, Él se sabe narrador. Él diseña un mundo desde el cual desprender las verdades que lo volverán honesto con sus contertulios. Él, verdaderamente, encierra y se sienta sobre sus verdaderas verdades y se condena a sí mismo a vivir diariamente su funeral, en espera del material.
Cualquier similitud con personas o hechos reales es completamente intencional.