jueves, 23 de agosto de 2012

La Explosión

Cuando estaba todo apunto de estallar se dio cuenta de que nunca supo dónde estaba la bomba. Se había preocupado de describir su composición - de manera teórica, pues nunca pudo conocerla; estudiar las consecuencias que traería para su vida y la de los demás; que tan amplia sería y qué características tendría la explosión. 
Todos sus estudios en base a un constante tic-tac, un sonido copioso que parecía venir desde siempre, o desde antes... Pero se repetía y se repetía. Le ponía nervioso en un principio, pensaba constantemente en un final inminente. Cuando se acostumbró desarrolló un complicadísimo de explicar sentimiento de afección a la bomba y a su tic-tac, se convirtió entonces en un pilar fundamental de su vida. Pero no la entendía.
El cambio llegó ahí, cuando se dio cuenta de que no la comprendía. Entonces, por las noches y por las mañanas y con los cigarros y el café y en el metro pensaba en su tic-tac. No con añoranza, no con miedo, sino que con inquietud. Y así fue creando hipótesis sobre la composición de la bomba.
Yo no entiendo de bombas, él me lo explicó una vez pero no lo entendí. Algo de unos cables. Recuerdo también que dijo que era una bomba de lo más común.
Pero para él no lo era. Él sabía que había algo distinto en esa bomba, había algo que lo mantenía pendiente del tic-tac y la conchesumadre, sabía que no era como otros tic-tac de otras bombas. Pero no lo descifraba. Y eso le gusta de sobremanera.
El tic-tac cambió su velocidad el otro día, se apresuró. Sus cálculos le indicaron que la bomba finalmente explotaría. Él estaba expectante, no podía esperar por morir. Quizás haya sido el interés patógeno, tal vez sólo quería dejar de escuchar el tic-tac. Todos le creyeron, su círculo de amigos - qué idiotas - compartían los resultados de las operaciones matemáticas.

Pero la bomba no estalló. Así como no estalló la semana pasada ni la anterior. Y así han pasado ya casi diez años.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Conclusión apresurada

Pensé por un instante que la decadencia en la que estoy sumido tenía una estrecha relación con su ausencia. Pues, ahora que ha vuelto a aparecer, me doy cuenta de mi equivocación. Lo que me arrastra hacia la conclusión de que esto no era un simple melodrama y tal vez me estoy yendo de mis manos. 

Dentro del pozo

Por qué será que siento que me ahogo, que se me llueve el rostro, que todo es un clavo salido en mi silla, que no puedo flotar ni quiero hacerlo, que la desesperanza se instaló aquí junto a mí, y en su abrazo yo guardo el silencio de los que dicen adiós.
Se quería ir, es más, se estaba yendo ya. Se llevaba consigo los artículos que jamás publicó en el periódico local (por miedo a tener que lidiar con el rechazo) y las fotos tamaño carné de su perro, al que abandonó camino a la estación. Se llevaba consigo la ropa desgastada y los zapatos con barro; una agenda llena de planes y tareas que ahora jamás realizaría - No se la llevaba, realmente, quería despedirse de ella en la estación, un último suspiro y un único adiós.
Mi mayor duda no es, sin embargo, el por qué. Tengo que asumir muy a mi pesar que tengo bien claros los antecedentes de mi situación actual. Debí haberlo previsto, pero soy tan estúpidamente inútil. Mi verdadera duda, aquélla que me atormenta verdaderamente, es la duración de esta caída. O cuánto me tardaré en subir de nuevo. Pero como señalé antes, me es tan complicado ver la luz, y el día está tan nublado también... 
No se llevaba consigo ningún adiós, se iba acompañada de su usual silencio, de su sepulcral quietud. Cuánto tiempo corrompió sus juramentos. Ahora al fin se marchaba y el cielo le lloraba, irónicamente, ella no había querido ver a nadie llorar (Ni siquiera a sí misma, pero no podía, asunto resuelto).
Pero eso no es algo malo. Al menos el cielo combina conmigo hoy.
Anhelo poder desahogarme un día, deshacerme de mis miedos e ir a confesar mis pecados, mis inseguridades y mis tristezas, sin este rechazo por mi ser que me rellena estos días. Quiero saber que hay un plano, y que si me derrumbo podré ser reconstruido.
Mas cuando el tren se marchó, no pudo evitarlo. Lo vio comprando en el negocio que estaba a la salida de la estación, se veía desde el camino. Él sólo miró el tren, sin darse cuenta de que ella iba adentro. Debía de haber pensado, como acostumbraba, en cuánta gente se habrá marchado y porqué.
Y sí hay uno, pero yo quiero otro, otro que también está, pero tengo mis dudas, tengo mis miedos. Quiero morir en paz.
Pero ella lo vio a él, a él únicamente, el último vestigio de un pasado agonizante.

lunes, 13 de agosto de 2012

*Borrador sin publicar*

Había olvidado que habíamos construido el castillo en barro.

Las artes ocultas

Cuál es la vía de evacuación, dónde está la salida. Recuerdo cuando aún tenía esperanzas, pensaba que podría salir algún día de este laberinto que me tiene cautivo hace ya tanto... Intento e intento, mas no consigo liberarme - pero quizás me estoy planteando mal el concepto. Seré yo mi secuestrador, uno involuntario (en el mejor de los casos pues de actuar consciente... uf). Tanto tiempo ya andando en círculos, me sé el camino de memoria, desconozco eso sí a qué se debe la duración extra de este pasadizo, dónde estará el vértice. Oh, será que lo paso por alto, y mi camino está en esa esquina que rechacé - aún me creo merecedor de descartar opciones, miserable iluso. Bien podría ser, sí, sí, pero me gusta el laberinto. Así es porque tengo miedo de estar fuera de este esquema que aparenta ser brutal, pese a todo me da una seguridad enfermiza. La vida después de es impensable.

Ya ni siquiera tengo coherencia. Ni cohesión. Quiero desconectar todos los cables, que se me apagué el pc, que nadie pueda prenderlo forzadamente. Cualquier referencia externa es una mera estupidez, no hay que tomarme en serio. Eso es lo que yo hago, desde que me di cuenta de que mi ser es una enorme tontería y... y... Ah, imbécil imbécil, con tus sueños, con tus ojitos brillantes, con tus secretos burdos, con tus miedos, con tu estupidez e ignorancia, con tus limitaciones, con tus lágrimas en el baño. 
Quiero que los perros me desgarren la carne, quiero que miren sin misericordia el homicidio, que nuestras miradas se crucen, darme cuenta de las mentiras.

viernes, 10 de agosto de 2012

Diálogo

Me agobia pensar que estoy eternamente condenado a esta cárcel que soy yo, con todos mis limites y el peso en la espalda y el pasillo estrecho en el que estoy. Quiero renacer, como ya lo he hecho muchas veces. Quiero decir adiós, quiero hacerme a un lado. 
¿Será la soledad de la que nos hablaban el otro día en lenguaje? Pero no me siento solo, me siento disconforme - totalmente distinto, desde mi perspectiva y circunstancia. 
Qué vergüenza, qué desilusión, qué pena.
Estoy consciente de mi condición de victimario, pero también de víctima.
Qué dualidad más estúpida.

Recuento

Si fuese una planta me cortaría los dedos de las manos y me arrancaría la lengua; sentiría el dolor del castigo pero me libraría de esos miembros que tan contraproducentes me son. Ellos volverían a crecer, rebosantes en castidad (¿O carentes de pecado?) y oportunidad. 

Con toda la imposibilidad de las situaciones, evocadas sin elegancia en realidades alternas, con toda su estructura de sueño adolescente, con sus detalles de libro con vagina y diálogos de telenovela venezolana, tengo la duda si es que en verdad deseo verlas volverse realidad. No son ellas el problema; si las tengo en mi mente todo está dentro de mi control - pese a mi discordia creativa intento mantener la verosimilitud en la historia. Mas, si salen, si ya no son más un sueño, si son tangibles en la abstracción, me voy a la chucha, no hay control, las imperfecciones saltan. Si hay un comienzo hay un final de inminencia indefectible. No habrá más retrocesos ni ensayos en el Metro con dirección Vicente Valdés.

Cuando saltemos en la piscina, sin saber nadar, allí sabremos lo que es la libertad. Allí nos arrepentiremos de las tonteras que queríamos. Pero de todas formas estaremos tú y yo ahí, agitando nuestros miembros en patéticos intentos de nado, y puedes estar seguro - porque puta que lo voy a estar yo, y puta que voy a estar contento - de que ya no hay más futuro. Y como en un cuento que una vez leí, de ésos que tú nunca lees, habremos acabado con la historia cerrándola en la perfección, convirtiéndola en el recuerdo más hermoso de nuestras vidas perecederas.

Me jugarán siempre en contra la cobardía y el remordimiento. Una cobardía que nace desde algo muy lógico - desde la única clase de ejemplos que funcionan: Los que ya fueron puestos en práctica. Así, tal cual. Y el remordimiento, porque creo que el calma me pega una patá en el hocico...

domingo, 5 de agosto de 2012

Terrible de trillado

¡Yo lo quiero a él! ¡A él, única y verdaderamente!
Sé que nunca podré tenerlo,
     pero jamás he podido tener a quien yo quiero.
     Me he entregado, tengo que asumirlo y sin vergüenza;
     se han puesto frente a mí, sobre mi cama, sedientos,
     con esa sed adolescente que quema por dentro como fuego,
pero jamás he podido tener a quien yo quiero.
Menos a él, no me lo merezco
     ¡Ni cagando!
Y él no me querrá nunca de vuelta, nunca nunca jamás jamás.
Porque como soy yo, y como es él, pero en especial yo con todas estas cosas que ni yo quiero - siempre dicen que uno tiene que quererse primero, no soy capaz, estoy mintiendo para darle más tragedia a mi situación de por sí patética, pero una hipérbole no le viene mal a nadie.
En realidad sí.
No obstante,
     Sin embargo, si así se prefiere
Todo permanecerá en perfecta estabilidad
     al borde de la cordura, al borde del suicidio
     con el llanto nocturno, el suspiro matutino
     y los ojitos que brillan llenos de inocencia (Caré raja po hueón)
     la espera eterna, que es en realidad increíblemente breve
     pero cómo se me desgarra el alma en la espera.
mientras él me deje quererlo,
quererlo en el más profundo de los secretos
el más vergonzoso, el más humillante, el más decepcionante
     Aunque él lo sabe, pero no sabe que yo sé
     y todos saben, todos saben pero nos mentimos entre todos
     qué buena que es la gente a veces. 
Hasta que me cure de esta enfermedad, que viene de repente.