Sé que nunca podré tenerlo,
pero jamás he podido tener a quien yo quiero.
Me he entregado, tengo que asumirlo y sin vergüenza;
se han puesto frente a mí, sobre mi cama, sedientos,
con esa sed adolescente que quema por dentro como fuego,
pero jamás he podido tener a quien yo quiero.
Menos a él, no me lo merezco.
¡Ni cagando!
Y él no me querrá nunca de vuelta, nunca nunca jamás jamás.
Porque como soy yo, y como es él, pero en especial yo con todas estas cosas que ni yo quiero - siempre dicen que uno tiene que quererse primero, no soy capaz, estoy mintiendo para darle más tragedia a mi situación de por sí patética, pero una hipérbole no le viene mal a nadie.
En realidad sí.
No obstante,
Sin embargo, si así se prefiere
Todo permanecerá en perfecta estabilidad
al borde de la cordura, al borde del suicidio
con el llanto nocturno, el suspiro matutino
y los ojitos que brillan llenos de inocencia (Caré raja po hueón)
la espera eterna, que es en realidad increíblemente breve
pero cómo se me desgarra el alma en la espera.
mientras él me deje quererlo,
quererlo en el más profundo de los secretos
el más vergonzoso, el más humillante, el más decepcionante
Aunque él lo sabe, pero no sabe que yo sé
y todos saben, todos saben pero nos mentimos entre todos
qué buena que es la gente a veces.
Hasta que me cure de esta enfermedad, que viene de repente.
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