Por qué será que siento que me ahogo, que se me llueve el rostro, que todo es un clavo salido en mi silla, que no puedo flotar ni quiero hacerlo, que la desesperanza se instaló aquí junto a mí, y en su abrazo yo guardo el silencio de los que dicen adiós.
Se quería ir, es más, se estaba yendo ya. Se llevaba consigo los artículos que jamás publicó en el periódico local (por miedo a tener que lidiar con el rechazo) y las fotos tamaño carné de su perro, al que abandonó camino a la estación. Se llevaba consigo la ropa desgastada y los zapatos con barro; una agenda llena de planes y tareas que ahora jamás realizaría - No se la llevaba, realmente, quería despedirse de ella en la estación, un último suspiro y un único adiós.
Mi mayor duda no es, sin embargo, el por qué. Tengo que asumir muy a mi pesar que tengo bien claros los antecedentes de mi situación actual. Debí haberlo previsto, pero soy tan estúpidamente inútil. Mi verdadera duda, aquélla que me atormenta verdaderamente, es la duración de esta caída. O cuánto me tardaré en subir de nuevo. Pero como señalé antes, me es tan complicado ver la luz, y el día está tan nublado también...
No se llevaba consigo ningún adiós, se iba acompañada de su usual silencio, de su sepulcral quietud. Cuánto tiempo corrompió sus juramentos. Ahora al fin se marchaba y el cielo le lloraba, irónicamente, ella no había querido ver a nadie llorar (Ni siquiera a sí misma, pero no podía, asunto resuelto).
Pero eso no es algo malo. Al menos el cielo combina conmigo hoy.
Anhelo poder desahogarme un día, deshacerme de mis miedos e ir a confesar mis pecados, mis inseguridades y mis tristezas, sin este rechazo por mi ser que me rellena estos días. Quiero saber que hay un plano, y que si me derrumbo podré ser reconstruido.
Mas cuando el tren se marchó, no pudo evitarlo. Lo vio comprando en el negocio que estaba a la salida de la estación, se veía desde el camino. Él sólo miró el tren, sin darse cuenta de que ella iba adentro. Debía de haber pensado, como acostumbraba, en cuánta gente se habrá marchado y porqué.
Y sí hay uno, pero yo quiero otro, otro que también está, pero tengo mis dudas, tengo mis miedos. Quiero morir en paz.
Pero ella lo vio a él, a él únicamente, el último vestigio de un pasado agonizante.
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