viernes, 24 de febrero de 2012

24022012

Es increíble la obstinación mía de abandonar esta realidad, enclaustrándome en mi poco espacioso hogar y dejando que mi mente vuele por ahí acogiéndose en vidas paralelas. Si tan sólo me diese el tiempo de transformar esas dimensiones mentales de imagen onírica a escrito, compartiría con el mundo existencias emocionantes y vivencias luctuosas. Pero es que estas falsas vidas tienen tanto de autobiografía, tanto de sueño rato, tanto de adolescente insuficiente (¡Qué palabra, che!) incapaz de satisfacerse con su propia vida. ¿Pero cómo hacerlo? No lo entiendo. 
Y hoy son los reencuentros, jamás directos siempre con una amistad que sirve de médium, y las juntas que nunca fueron y las fotos que se se perdieron. Él que nunca hizo, ella que no lo evitó. Tú que te dejaste, él la tentación. Y las letras que ahora son vergüenza antes orgullo y amistad, los "me gustas" guardados en un cajón con polvo donde nadie pueda verlos, en especial quien lo dijo y quien lo oyó. 
Las ganas de quedarse en la casa chica por meras ganas de no hacer ni ser, por dejarse estar hasta que (Hasta que...), por esperar. Una espera que es como una búsqueda que es como un reencuentro pero como se le califique, parece no tener fin. Ojalá no lo tenga, pues de tenerlo quien hallará su fin será otro.  

lunes, 20 de febrero de 2012

Estrellitas

A veces, durante esos delirios reflexivos que tienen génesis a altas horas de la madrugada en absoluta soledad y en un cansancio que se esconde, te comparo con una constelación. No he sido el primero, mucho menos seré el último. 
Cuando de pie (o acostados de preferencia, pero es un recurso para momentos especiales) alzamos nuestros ojos a la bóveda negruzca que es nuestro biombo sin serlo, apreciamos en ella pequeñas manchas de blanco brillante y otros colores igual de fulgurosos. Por alguna razón ignota estos puntos resplandecientes, símiles a hongos en el techo del baño, son la verdadera atracción e inspiración de nuestra raza desde inmemoriales eras. En base a las manchitas luminosas hemos establecido calendarios y mapas, creado religiones y sortilegios, vislumbrado nuestra creación y predicho nuestro fin. Cada una tan ínfima, entre todas forman una colección admirable y cuando hay pocas (o una, lo he visto) un tesoro entrañable...
Cada estrella es una pequeña marca de la perfección, perfecta por si misma y perfecta en conjunto. Ellas son el retrato más específico de lo inalcanzable y deseado, sin embargo están ahí, podríamos tocarlas, pero tal vez no queremos. Tal vez aún falta. Amor platónico. Y que son las constelaciones si no distintas maneras de apreciar y entender la belleza sobrecogedora de las estrellas, dándole un uso mitológico, deificándolas merecidamente. 
Los escribas vieron luz en ellas, de forma literal y metafórica y hasta metafísica, haciendo nacer poemas y cuentos, viajeros y ciudadelas distantes en mundos ídem que nos resultarían luctuosos, inclusive. Pero seguramente, allá en sus infinitamente inalcanzables lares, los seres estén viendo constelaciones. Seguramente no estarán apreciando a Virgo ni a la Osa Mayor si  no que, conservando probablemente varios puntitos pero con otros nuevos que nosotros no alcanzamos a ver, edificarán nuevas interpretaciones de estas obras de arte. Como cuando alguien tiene un Picasso en frente y lo entiende de un forma distinta al de al lado, más tienen el mismo cuadro frente a sus ojos.
¿No es eso lo que pasa contigo? La infinidad de cualidades, virtudes y defectos (todos perfectos a su manera) están ahí, siempre estarán ahí. Pero yo veo unas estrellas diferentes a las que ve ella, y yo creo mi constelación en un orden y ella bien por gusto o por escasez de posibilidades, de una forma distinta. Y te apreciamos desde la distancia, sufriendo impotentes ante la belleza del entendimiento dado, gozando en la impotencia. 

lunes, 13 de febrero de 2012

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Me resulta difícil creer como la desgracia se presenta de una forma tan súbita pero tan esperable a la vez (Es que ya dejé de esperar las cosas). La verdad, la rabia y la rebeldía me consumen como cuando tenía trece años (Oh, los trece años, cuánta cosa) sintiéndome vil prisionero del capricho correctamente fundamentado de mis carceleros. Qué patético, qué niño. Había olvidado que estoy en la edad de la discordia, asumiendo una madurez y una experiencia que no me son y únicamente obtuve desde fuentes tan erráticas (Rara vez puedo adjetivar de esta forma a los subsecuentes) como son los libros. Increíblemente lamentable esta situación, la necesidad de una libertad que por moral social y otras mierdas no me consta. It's horrible when you don't the owner of yourself, y eso es lo que más me molesta de esta casa. Digo, antes estaba molesto porque me apetecía estarlo, era el deseo impetuoso de anarquía pre-adolescente, pero me enojo sólo cuando es absolutamente necesario.
No me creo zen ni nada, pero trato de buscar la paix en esta casa que cae tan fácilmente en el caos. Finalmente llega este momento cúlmine que desata mil cosas y nos deja a todos arrojando platos de un lado a otro. Maldita sea, vivir en una casa que no es la mía y recibiendo órdenes para las cuales no me sometí a propósito (me explayo para evitar un futuro mal entendido, de ésos que solamente los desgraciados notan y hacen notar, pero tengo tantos desgraciados como amigos) pero debo acatar porque soy un maldito adolescente y así es la puta adolescencia and now everything is so okay, so fucking okay, we didn't have a problem and life keeps going on. Mierda, mierda, mierda. Me siento como otro, yo no soy así usualmente. Perdónenme. 

domingo, 5 de febrero de 2012

(Como un tú o un yo)

Hace unos días me empezó a consumir la idea de que cuando terminara el libro de Isabel Allende* no tendría nada más que leer, pero hoy hice un descubrimiento tremendo. Mi papá instaló en mi pieza una estantería para yo colocar mis libros en un lugar decente, hecho que me recordó que tengo también muchos textos guardados en un mueble de afuera, y lo fui a revisar encontrando una colección tremenda. Libros clásicos de renombre, unas enciclopedias dignas de ser comparadas con Google, cosas infantiles, escritos que había olvidado, y un cúmulo de libros de psicología/psiquiatría/filosofía heredados por mi tío, aquél que fue a ejercer de profesor allá por Carolina del Norte habiendo estudiado acá psicología. Aunque finalmente parece que hace ambas cosas. Quizás lo vea este año, mas siempre es quizás y nunca llega a ser. 
Y también he estado leyendo cosas en internet, la que a propósito anda como la mierda y no me permite conectarme a Tumblr, me niega escribir en mi blog o conectarme a messenger. Está actuando simpática el día de hoy. Y como decía, leí cosas en internet. Hay un poeta gringo del cual yo ya había escuchado hablar, y había leído un extracto del poema a continuación. No me gustan las traducciones así que me despido con el original:


"maggie and milly and molly and may 
went down to the beach(to play one day)

and maggie discovered a shell that sang 
so sweetly she couldn't remember her troubles,and

milly befriended a stranded star
whose rays five languid fingers were;

and molly was chased by a horrible thing 
which raced sideways while blowing bubbles:and

may came home with a smooth round stone 
as small as a world and as large as alone.

For whatever we lose(like a you or a me) 
it's always ourselves we find in the sea
e. e. Cummings.


*Estoy leyendo el Cuaderno de Maya. No es el gran libro, de hecho, anteriormente había recién tragado dos obras estupendamente diseñadas y organizadas espléndidamente, cada una en su propio estilo bajo la mano de su autor (Hablo de La Sombre sobre Innsmouth y de Rayuela). Ésta es muy fácil de tragar así que en dos días me he devorado casi la mitad del libro, de un total de cuatrocientas y tantas páginas. Es una buena historia, pero nada destacable. Já, me las doy de crítico literario ahora, how lame. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Retorno

Es un término curioso, distancia. Aplicable desde un hipotético distanciamiento hasta el alejamiento emocional. Aun más curioso resulta el hecho de que ambos ejemplos recién expuestos resulten completamente inútiles en mi caso. Uno se va y busca las respuestas donde no hay nada, porque es en la nulidad más grande en la que uno haya más cosas: En ausencia de factores, elementos y contextos los ojos viran hacia el interior donde es posible observar cavidades ignotas de sumo interés. 
En el mar hay de todo, pero en la surface simplicity no hallamos nada. Leves movimientos repetitivos, canciones de cuna metafóricas y el agua que te moja hasta los huesos. ¿Pero y adentro? ¿Quién es capaz de afirmar lo que nos esconde el mar entre su baile eterno y su máscara que refleja el cielo? Los seres que conocemos han de ser una mísera parte de la realidad completa, de la flora y fauna indescriptible que habita en las profundidades inalcanzables para nuestras maquinarias.
Hablando así del mar hablamos de nosotros mismos, hablo de mí mismo. Pero la distancia es una cosa tan juguetona y traviesa. Una distancia falsa técnicamente porque jamás se alejó de mí, un recuerdo más fuerte que lo que hay en esta realidad se acrecentaba. Pero yace en la comprensión de este hecho la facultad de superar aquello que no es real, aquello que es mera idealización. 

Más aún cuando han pasado ya años, largos y coloridos años, y te sigo viendo cada vez que creo que te reemplazo.