lunes, 20 de febrero de 2012

Estrellitas

A veces, durante esos delirios reflexivos que tienen génesis a altas horas de la madrugada en absoluta soledad y en un cansancio que se esconde, te comparo con una constelación. No he sido el primero, mucho menos seré el último. 
Cuando de pie (o acostados de preferencia, pero es un recurso para momentos especiales) alzamos nuestros ojos a la bóveda negruzca que es nuestro biombo sin serlo, apreciamos en ella pequeñas manchas de blanco brillante y otros colores igual de fulgurosos. Por alguna razón ignota estos puntos resplandecientes, símiles a hongos en el techo del baño, son la verdadera atracción e inspiración de nuestra raza desde inmemoriales eras. En base a las manchitas luminosas hemos establecido calendarios y mapas, creado religiones y sortilegios, vislumbrado nuestra creación y predicho nuestro fin. Cada una tan ínfima, entre todas forman una colección admirable y cuando hay pocas (o una, lo he visto) un tesoro entrañable...
Cada estrella es una pequeña marca de la perfección, perfecta por si misma y perfecta en conjunto. Ellas son el retrato más específico de lo inalcanzable y deseado, sin embargo están ahí, podríamos tocarlas, pero tal vez no queremos. Tal vez aún falta. Amor platónico. Y que son las constelaciones si no distintas maneras de apreciar y entender la belleza sobrecogedora de las estrellas, dándole un uso mitológico, deificándolas merecidamente. 
Los escribas vieron luz en ellas, de forma literal y metafórica y hasta metafísica, haciendo nacer poemas y cuentos, viajeros y ciudadelas distantes en mundos ídem que nos resultarían luctuosos, inclusive. Pero seguramente, allá en sus infinitamente inalcanzables lares, los seres estén viendo constelaciones. Seguramente no estarán apreciando a Virgo ni a la Osa Mayor si  no que, conservando probablemente varios puntitos pero con otros nuevos que nosotros no alcanzamos a ver, edificarán nuevas interpretaciones de estas obras de arte. Como cuando alguien tiene un Picasso en frente y lo entiende de un forma distinta al de al lado, más tienen el mismo cuadro frente a sus ojos.
¿No es eso lo que pasa contigo? La infinidad de cualidades, virtudes y defectos (todos perfectos a su manera) están ahí, siempre estarán ahí. Pero yo veo unas estrellas diferentes a las que ve ella, y yo creo mi constelación en un orden y ella bien por gusto o por escasez de posibilidades, de una forma distinta. Y te apreciamos desde la distancia, sufriendo impotentes ante la belleza del entendimiento dado, gozando en la impotencia. 

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