sábado, 4 de febrero de 2012

Retorno

Es un término curioso, distancia. Aplicable desde un hipotético distanciamiento hasta el alejamiento emocional. Aun más curioso resulta el hecho de que ambos ejemplos recién expuestos resulten completamente inútiles en mi caso. Uno se va y busca las respuestas donde no hay nada, porque es en la nulidad más grande en la que uno haya más cosas: En ausencia de factores, elementos y contextos los ojos viran hacia el interior donde es posible observar cavidades ignotas de sumo interés. 
En el mar hay de todo, pero en la surface simplicity no hallamos nada. Leves movimientos repetitivos, canciones de cuna metafóricas y el agua que te moja hasta los huesos. ¿Pero y adentro? ¿Quién es capaz de afirmar lo que nos esconde el mar entre su baile eterno y su máscara que refleja el cielo? Los seres que conocemos han de ser una mísera parte de la realidad completa, de la flora y fauna indescriptible que habita en las profundidades inalcanzables para nuestras maquinarias.
Hablando así del mar hablamos de nosotros mismos, hablo de mí mismo. Pero la distancia es una cosa tan juguetona y traviesa. Una distancia falsa técnicamente porque jamás se alejó de mí, un recuerdo más fuerte que lo que hay en esta realidad se acrecentaba. Pero yace en la comprensión de este hecho la facultad de superar aquello que no es real, aquello que es mera idealización. 

Más aún cuando han pasado ya años, largos y coloridos años, y te sigo viendo cada vez que creo que te reemplazo.

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