A veces divago dentro de mi propia mente haciendo caso omiso de las conexiones, los hilos y la racionalidad restante, en esos momentos mis ojos caminan por mi alrededor buscando un nuevo sentido de las cosas y juguetes nuevos. Algo con quien divertir mis manitas psíquicas que adoran toquetear todo lo que encuentran.
En uno de esos viajes oculares y mentales mis ojos hallan los tuyos, tan distantes físicamente y para qué decir en cualquier otro ámbito. Me poso en ellos con vergüenza e incipiente arrepentimiento, pero gozando de todas formas el choque breve de ambos. Y en tu semblante impenetrable hallo tranquilidad y miedo, así de contradictorio soy gracias a ti, porque finalmente son nuestros ojos comunicando en una milésima de lo que llaman tiempo un mensaje incongruente que a la vez está lleno de todo, ese todo que tampoco es nada en el fondo porque corresponde a una acumulación de energías inexistentes en este mundo tan aburrido. Veo que me miras también, jamás te he hablado de como me miras (o como siento que lo haces) ni de como yo te miro, ni como los relámpagos chocan en medio de nuestra distancia abismante, lejanía que sea tu culpa o la mía es un hielo frío cayendo en invierno por la espalda. Esa mirada que todo lo oculta pero es en esa omisión que me lo enseña todo, tu muralla china que tiene una puerta escondida que yo sé que está ahí aunque no pueda cruzar, e ilusamente creo que soy yo el único conocedor de la ubicación de la puerta.
Pero luego tu reaccionas, de esas reacciones inexplicables que tienes y desvías la mirada con una mueca de inefable nihil, o lo hago yo sintiendo que mi rostro se llena de incomodidad.
Algún día lleno de valentía te diré como nos miramos, como tus ojos encuentran los míos y viceversa, y te lo contaré porque de seguro que no lo sabes.
jueves, 22 de marzo de 2012
viernes, 9 de marzo de 2012
De comportamientos
Desconozco si es el surgimiento de un comportamiento errático o la anulación de un comportamiento acertado cuando estás cerca. Es como si mi mente repentinamente se viera absorta en oscuridad (una tan bonita, excitante) y no pudiese conjurar el palabreo que tanta fama me ha dado, quedando como un ignorante y un tonto (cosas completamente distintas, que no nacen aquí si no que se corroboran) frente a ti y ellos, todos tan lustrosos. Tengo la duda inicial porque me cuestiono si es quizás todo lo que hago en la instancia un error magnánimo, dominós cayendo a la ignominia fatal y yo consciente total, avergonzándome y prefiriendo callar. Por eso me alejo también, por eso y porque tengo miedo y dije cosas y tú también y es mejor estar lejos. Pero puede ser que se anule un comportamiento correcto, y la serie de movimientos que realizo sean pura reacción química, literal si tomamos en cuenta el sudor y los temblores, y en realidad no haga nada y no esté siquiera consciente así cuando lo piense bien después, la humillación que tú presenciaste tan bueno y no me dijiste nada. Pero lo sabes bien, y yo sé que sabes, y esto es todo tan ridículo, pero me aterra, me aterras, a veces el comportamiento único es una tendencia auto-destructiva que créeme resisto sólo por la esperanza de verte otra vez, de que el destino me bese en los labios con sus coincidencias jocosas y absurdas, me haga olvidar de las penas con otras penas, un remedio venenoso.
miércoles, 7 de marzo de 2012
La maldición
Haber estado sometido a una maldición de tantos años (Como si pudiera marcar un inicio. De haber iniciado lo hizo conmigo, pero es obvio que no, estaba de antes, predestinada escrita en una pared con sangre) que corrompe día y noche lastimándote y debilitándote, en el día consumiendo todo aquello que funcionaría como impulso y reemplazándolo por una ilusión mentirosa que pierde fuerza pero es siempre permanente, una especia de dogma que se conoce falso pero sigue ahí instalado; de noche fomentando la autodestrucción tan inherente en los instintos con los placeres más culposos, esperar la almohada para llorarle, reírle, besarle, hablarle en silencio que es la mejor forma de hablar. Y una y otra vez el hechizo que no se rompe, yo en la torre siendo también la torre y el dragón por supuesto, un príncipe prescindible en la historia pero que existe únicamente para dar origen a un contexto, un contexto que es el centro del asunto con dragón, torre y yo en lo alto (Tengo tanto vértigo), esperando lo que nunca viene aun sabiendo que no viene, mirando el cielo negro tomándote y reinventándote, porque así soy y en mi mente que es mi habitación en la torre hay cabida para gente inexistente creada a base de otros, siendo y no siendo pero más lo último. Un mundo imaginario que la psicología llama de una forma y yo llamo algo usual, un mundo que nadie conoce, desdoblarse lúcido y hallarse en un mundo de control pleno, lejos de la poca verosimilitud de esto que llamamos realidad. Odio la metafísica.
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