martes, 29 de mayo de 2012

La sirena

Y aunque él así no lo quería, por mucho que se había mentalizado para evitarlo, el canto de las pérfidas sirenas lo sedujo, barlovento se dirigió hacia la costa. La neblina creaba una atmósfera de gris melancolía, que misteriosa ocultaba el destino. Las criaturas seguían con su canto tentador, de niña pervertida, de sexualidad inocente, de erotismo espontáneo, y él las escuchaba con deleite. Pudo ver entre la bruma la costa de verde esmeralda, y en una roca a la autora de la melodía. Desembarcó con miedo a lo desconocido, sin embargo decidió avanzar hasta la ninfa del mar. Junto a la roca se tendió, agotado, y ella indiferente continuaba con su canto.
- Oh, hermosa sirena, no es necesario que sigas cantando. Escuché como me llamabas con tu voz armoniosa y estoy aquí en tu playa de jade aguardando tu mirada, amándote con lo más profundo de mi ser. - La sirena no contestó. - ¡Oh, hermosa sirena, cuánta crueldad! ¿Por qué me trajiste aquí engañado, por qué me convertiste en víctima de tu tentador embrujo cuando no era yo a quién buscabas?
Ella, indignadísima, le observó con desprecio. Díjole así:
- Culpa mía no es que hayas caído en el embrujo del que hablas, viajero, pues no hay tal. Yo no soy quien piensas, yo no tengo las metas que tu sospechas, yo sólo yazgo aquí sobre una roca siendo yo misma, expresándome tal como soy. No eres el primero que arriba confundido en mi isla, dudo serás el último, buscando pasión y muerte. Yo no tengo nada para darte, pero puedo darte una solución. Descubre el placer de mí en ti mismo mientras me observas, como todos los demás atrás de la roca.
Efectivamente, una veintena de hombres masturbándose contemplaba a la sirena, enajenados absolutamente. Ella no los miraba, pues sabía que ninguno la entendía. Si bien esta era su isla, tenía otra, una mucho más pequeña donde sólo cabía ella, y allí tenía paz. Aquí en lo mundano los tenía a todos engañados, creyendo estar cerca de ella y del goce que ella era capaz de proporcionar. Mas sentía una profunda pena por todos ellos, engatusados involuntariamente; ellos que no existían, ellos que estaban fuera de la isla. 

sábado, 12 de mayo de 2012

Alguien lo dijo en Tumblr

"Uno. Uno es seguro. Uno siempre será uno. Divide o multiplica uno por sí mismo una cantidad infinita de veces, obtienes uno. Dos. Ahora, eso es peligroso. Eso es duda, incertidumbre, inseguridad y peor aún, dependencia. Un adición a uno es todo lo que se necesita. Lo que se necesita para odiar a uno y temer a dos, quedarse en un limbo por el resto de la eternidad."