domingo, 29 de julio de 2012

Notas del narrador

"Ambas protegían su pequeño mundo de los asedios foráneos. En el castillo vivían únicamente ellas dos, una guarida que habían construido con sus propias manos. Todos se acuerdan como empezó - No había nada, ellas se encontraron, lo decidieron tácitamente un día. De lo que nadie se acuerda es de cuándo estuvo terminado. Un día estaba a la mitad y al otro... Una obra magistral de la arquitectura se alza sobre las cabezas de aquellos que apenas pueden construir una casa. Yo no sé, llegué después y por equivocación.
Circulan muchos rumores acerca de qué hay dentro del castillo. Recuerdos, fiestas, pinturas, poemas, bailes, botellas vacías de alcohol y baldes para vómito en desuso, sexo, anillos, ropa. Nadie ha logrado entrar pero muchos han visto las fotografías del interior. Ni el más experto fotógrafo consigue captar las cosas que él pasa por alto en su arte, sólo lo que es relevante ante sus ojos.
Mucha gente vive afuera del castillo, como yo. Unos por interés, desgraciados sean; otros llegamos por equivocación. Nos plantamos aquí y ya no podemos irnos. Son señoras feudales, trabajamos para ellas y hay un contrato... ¿Cuándo lo firmé? Probablemente había bebido mucho ron esa noche. Es tan rico el ron.
Me quiero ir. No soporto su poder panóptico. No sé cómo escapar mas aún así siento que estoy atrapado por voluntad propia. Tal vez no me quiero ir de verdad, estaré muy acostumbrado al valle y la tranquilidad, o al resguardo del castillo. Qué sé yo. Es por conveniencia que me quedo, supongo. Irme requeriría mucho esfuerzo."

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