miércoles, 14 de noviembre de 2012

¡El huracán!

La verdad es que me metí aquí con el propósito de consolarme acerca de lo siempre, sin embargo, mientras me hacía un café me di cuenta de mi monotematicidad y del hastío que me produce la misma cuando caigo en cuenta de ella. Es por eso que súbito prefiero hablar de otra cosa, arriesgándome a hablar de lo mismo de nuevo - pero no sería tan lo mismo.
Ojalá que cuando llegue el huracán sea más piadoso que la vez anterior hace un par años, cuando decidió devastar cada rastro de civilización conocida en la faz de la tierra. Desde ahí se reconstruyó casi forzosamente apoyada en los pilares del recuerdo - hasta el acaecer de su obsolescencia cuando fueron otros los cimientos y se olvidó o se obligó a olvidar todo esbozo reminiscente de edificaciones pasadas.
Hoy cuando adviene una vez más, como parece visitar periódicamente el hijo de puta, la gente  agarra a sus casas e intenta convencerlas de que no hay riesgo alguno, buscando en sus palabras extrapolar un consuelo que ellos no encuentran en su interior. Sin embargo la gente sabe con certeza que depende de ellos y de cuanto empeñó le pusieron a la reconstrucción - o nueva construcción, una completamente distinta - del barrio si éste logra mantenerse en pie tras el huracán.
Por supuesto, jamás intacto pero si al menos los fierros originales. Mas yo no estoy seguro.

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