domingo, 4 de noviembre de 2012

Direcciones

Es no ser yo lo que me molesta. Es ver los autos ir para otro lado en vez de en dirección a mi casa, sin embargo a veces pienso que se les puede haber quedado el mapa por ahí, o no sé, la señora del coche en la calle les habrá dado mal la dirección.
Igual me quedo esperando. Esperando, no más, a veces con un cigarro o con una lata de Becker pero esperando. Los autos pasan por al frente de mi casa en ocasiones, y hacen ademán de detenerse pero nunca lo hacen. Yo creo que es que también son cobardes, a mí me da miedo sacar el auto e ir yo a los lugares.
Igual no hay lugares en los que me acepten más allá de éste, podría intentar entrar (como la otra vez que me dejaron fuera) o colarme por ahí pero no es mi estilo. Ya me olvidé cual era mi estilo, en todo caso. Harto triste.
Pero la cosa es que siguen pasando los autos y van para otros lados, yo no sé qué pretenden, mínimo uno debería venir a dejarme una explicación - una explicación que no quiero en lo absoluto pero que en lo aparente necesito. Y yo que ya he esperado tanto puedo esperar por siempre, hasta que me olvide que esperaba (porque la verdad tengo mala memoria) y me entre un rato a ver la tele o a llamar a los chiquillos. ¿Se acordarán de mí los chiquillos? Sí, dijeron que nunca me olvidarían. Pero uno siempre olvida.
Sin embargo esta tendencia me es tan inherente que aunque lo olvide seguiré esperando, ya sea otra cosa o nada o una mentira mal elaborada. A lo mejor en el futuro para un auto y me voy con él. Es mejor estar aquí en la calle que haya en la casa con mi viejo.
Que no me vea mi viejo que no me vea mi viejo que no me vea. O que me vea, pero que no me reconozca. Que nadie me reconozca nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario