jueves, 1 de noviembre de 2012

Muertos resucitados

Me quedo sin concilio; imposible alcanzar las conclusiones en un escenario lleno de variables. Cada una más enfermiza que la otra, revolviendo más la masa, añadiéndole cosas.
¿Dónde y cuándo serán las verdades? Sólo si no han sido, porque perfectamente pueden haber sido y yo ni cuenta me di ni cuenta me daré. Mantendré la obstinación, a no ser que, pero esto es tan, y también muy; la única verdad es que se me perdió la bandera blanca, esa con nombre y apellido que hay que izar en estas situaciones - los chicles, cuánto duran en la boca, pero uno se aburre y los bota y si no sigue masticándolos eternamente. ¿Cuánto de chicle tiene todo esto?
Mucho. Cuánto de esto tiene cada chicle. No veré el futuro porque no quiero, porque me destruirán las verdades como lo hacen las incógnitas pero las primeras lo harán en definitiva, con suma crueldad y en pleno derecho ¡Al fin, al fin, hueón! ¡Córtala hueón! Lo que me debería haber quedado claro sigue bajo un charco de lodo, uno poco profundo, basta con meter la mano y sacarlo pero la verdad no me gusta el barro y quedaría manchado y no tengo tanto jabón en la casa.
A propósito (por el contrario), no estoy para amaneceres falsos, el verano está aquí pero no allá y no me interesa suplir la lluvia con la playa. Soy feliz con este arco iris descolorido, pero arco iris al fin y al cabo. Además que vivo rezando por llegar al otro lado; debería rezar por empezar a andar primero; a lo mejor ni hay arco iris, a lo mejor ni yo estoy cerca.
Ergo, eterno estanque, futuro cercano cada vez más distante y ficticio.

Dices primum non nocere, pero puta que duele.

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