domingo, 28 de octubre de 2012

Ambiguo

A lo mejor era el ambiente de intimidad que propiciaba los atrevimientos, las inmoralidades. Habrá sido un trato tácito entre él y el silencio y las cortinas, pero por sobre todo con la puerta, el que estableció una vez hace ya tanto la mutua confidencia. De ésa que tan sólo consta en el comprender pero no en el saber realmente ni mucho menos en el oír. No era una falencia, era otra forma de ser.
Habían tantos en esa habitación sin haber ninguno, todos como fantasmas, pero éstos por separado conectándose y a la vez rehusándose a - en ocasiones comunicación con un receptor reacio, que no quería reaccionar ante las apelaciones. Si acaso el calor del día o el frío de la noche que se combinaban ya permitiría algo no se supo nunca, pues ese algo jamás tendría permitido existir en ninguno de los bandos porque a uno lo cubría la niebla y al otro lo inundaba el miedo.

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