En memoria del vaivén.
Agradezco tanto que se me haya dotado de un notorio desapego a la gente que me rodea. Este año me fue sumamente útil. La gente va y viene, como dicen, y uno tiene que acostumbrarse a eso. Yo pienso sostener a nadie junto a mí, no los necesito. Aquellos que se quedan son los que corresponden. Si te vas, lo siento eres irrelevante. Y saben a perfectamente a quienes se los digo, a todos aquellos que por terceros se alejaron de mí, que su oculta personalidad de víbora me obligó a distanciarme. No les tengo ningún rencor, para mí siempre serán un dulce espejismo, una imagen ectoplásmica. El adiós sera beneficioso para todos los lados.
En memoria del auto-conocimiento.
Una jamás termina de conocer a la gente. Y no olvidar, uno es gente. Hay tantas cosas de mi mismo que desconocía que logré averiguar este año. Quizás, yo las escondo de mi mismo porque son vergonzosas, como un lunar desproporcionado que se oculta entre ropas innecesarias. No le temo a lo que soy, no me temo a mi mismo. O intento no hacerlo. Falta aún mucho por explorar, muchas aristas entre la niebla que recorrer.
En memoria de los amores imaginarios.
Yo no sé. Un año más, el corazón malherido otra vez. Debo dejar de tener esperanzas. Pero es que... No lo entiendo. No son las alturas, ni las cosas con ojos múltiples las que me aterrorizan, si no el amor. Yo no puedo, yo entrego todo lo que soy y me convierto en un devoto acólito del amado. Y éste, como siempre, es inalcanzable, y el sueño me despedaza y el deseo me sobrepasa. Un día me pasará la cuenta y moriré. Moriré bajo el filo castigador de mi propio cuchillo, la bala lágrima de mi propia arma.
Pero que palabra más acertadas, debo admitir, las que utilizaste para definir los momentos pasados.
ResponderEliminarQue este sea un buen año para ti y en cuanto al amor, da lo mismo... El corazón es joven y es bueno aprender, aunque sea a golpes, a escoger al ser indicado y correspondido.