Fallaste muchas veces. Yo, cariño, te comprendo, todos nos equivocamos pero tú no funcionabas bien. No me hacía bien estar contigo, tu mundo estaba lleno de amargura contagiosa. Terminé convirtiéndome en una exageración de mi mismo, y tú, en algo que yo fui antes.
Te ha pasado, eres susceptible. Recuerdo las veces que intenté protegerte de ti mismo, de tu frecuente tendencia a la apóptosis. Pero las cosas eran inevitables, es parte de tu ser y cambiar tu esencia sería atentado terrorista. Con el tiempo, aprendí a preocuparme menos y a quererte más.
Pero lo nuestro ya no es. Una sucesión de hechos, nuevos personajes, errores, distancias y silencios incómodos destruyeron nuestros lazos. Me acostumbré a la nueva vida que me trajo el destino, una vida que tú habías tenido primero, una vida que no te incluía. Ciertamente, me doy cuenta, yo te suplanté, te reemplacé. Lo que tú habías tenido lo hiciste aparte y quien sabe que cruel azar de cosas lo trajo a mí. Tenías envidia ¿Qué iba a hacer yo? No lo busqué. No me hacía falta, pero pasó de todas formas. De hecho, intenté evitarlo un tiempo pues no te quería lastimar. El tiempo mermó mi cariño por ti, ahora te siento distante. Me acostumbré a la nueva vida, sin ti, donde tu imagen era una historia dulce de final triste, un lindo recuerdo.
No vuelvas, no. No desgastemos más nuestros sentimientos. Yo... siento lástima. Lástima, y un dolor en el pecho y un nudo en la garganta. Ojos vidriosos. Sé que podrías volver pero me gusta lo que tengo ahora, lo que alguna vez fue tuyo, y asumo además que no soy la clase de persona que le gusta volver al pasado.
Te recordaré, siempre con una sonrisa nostálgica. Hasta siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario