Pasó la navidad y como es costumbre recibí, contra mi voluntad, variados presentes. Sumamente agradecido de todo hasta de lo más pequeño, es una atención a mi persona y eso se valora. Pero por supuesto, hay regalos que son más significativos que otros - a veces, la gente lo hace sin darse cuenta.
Hoy leí una frase, la cito: "El regalo de un libro, es además de obsequio, un delicado elogio". Me pareció muy linda, pues tiene mucho de verdadera. (Esta acotación es completamente innecesaria, pero quería señalar la frase)
Mi padre me regaló Rayuela, obra inefable del encantador Cortázar. Dudo que el sepa lo mucho que significa para mí el libro. Sostener tamaña pieza de la literatura en mis manos es inexplicable, una creación tan perfecta y especial, tan contemporánea a pesar de haber sido escrita décadas atrás por un magnífico artista que desgraciadamente ya no nos acompaña.
Es que Julio Cortázar es más que un autor para mí, es un ente. Representa todo lo que quisiera ser, todas mis metas y mis pasiones, es mi mayor deleite literario, estoy enamorado de su mente creadora y sus manos que plasman la perfección en el papel.
El regalo de Rayuela significa también una re-afirmación de mis metas. Si es que en algún momento dudé lo que quiero para mi futuro, hoy gracias a la obra lo veo con claridad. Sé cual es mi pasión y que nada más me dejaría conforme. Por eso soy quien soy y seré quien seré.
Mañana lo empezaré a leer, bajo la luz matutina (tan temprano como sea posible levantarme en época estival) en un ritual de completa complacencia. Debo decidir de que manera leerlo, también.
Sobre las entradas pasadas, ya no me preocupo del tema. Puedo sobrevivir.
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