martes, 20 de diciembre de 2011

Acaece el Martes.

Ya vamos en el segundo día de esta desesperante cuenta regresiva agónica. Pero me estoy empezando a olvidar del... "asunto". Mejor así, necesito mi mente clara el día de mañana para rendir mi último examen y no pisar hasta el otro año la institución. El otro año será el último, pero ése es otro tema.
Ya perdí casi completamente mis esperanzas de que sucediera un milagro en mi vida de falsas esperanzas. Una chance, alguna vez. Pero no, resulta ser la misma historia que terrorífica e irónicamente se repite en distintos periodos (Cada nueva ocasión con una temática distinta, un color nuevo, una crueldad mayor). Y no es por intentar dar lástima mis lectores (no es que tenga muchos, pero seguramente esto lo leerá alguien que no sea mi persona en otro momento) pero la situación cansa. Me gustaría finalmente tener un poco de suerte y probar el sabor de la buena vida. Ah, la buena vida. Se acerca el verano, sinónimo de alcohol, drogas y música con bajos detonantes para borrar cada recuerdo doloroso del año que se marcha.
Aunque este año no fue tanto, he tenido mil veces peores.
Mañana es otro día, pero ya no es día, y ya no hay posibilidad (sólo la más leve y ridícula por la cual la descarto de lleno) de un milagro. 

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