Y tu imagen de ente agobiante y áureo se plasma frente a mis ojos. Ojos que siempre han buscado hallar lo bello en cada ser, en cada cosa, sólo para creer en una esperanza. Y tú todo lo cuentas, con todo tú cuentas, y no necesito buscar nada. Es una silenciosa admiración la que siento por ti, eres la obra más majestuosa de los dioses en la tierra, envidia de las ninfas y los tritones.
Pero los malos designios del destino y la suerte de placeres contrarios te corroen. No merman tu belleza, no carcomen tu alma, pero corroen tu felicidad. Castigándote por los pecados que en tu nombre se cometen y se cometerán (Me sumo yo al poco selectivo grupo), cuando tú te presentas lleno de inocencia y sueños. Miento. La inocencia la perdiste hace mucho y no engañas, y tus sueños se rompieron volviéndose tu fortaleza.
Eres mi musa secreta, aquella que no confieso, la que le oculto hasta a mi propia razón sólo para dejar que por mi fluya al papel y a los sueños y a la lujuria tu imagen.
"...y a la lujuria tu imagen" Escribí recién. Pero eres un tabú. Un tótem sagrado. Yo no me siento digno de pensar en ti, de inventar contigo escenarios, de amarte sin tu compañía. Es como un pecado, no puedo hacerlo.
Qué clase de encantamiento oscuro propones que engatusas, de tu embrujo no seré libre más.
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