La tendencia es evitar el develar de las verdades, durmientes en la profundidad de los fragmentos del pasado, puesto que significan la anagnórisis prohibida y la precocidad del desenlace distante aún, como dignan las escrituras desechas. No obstante, en los instantes de olvido de las reglas impuestas tácitamente de yo a yo es cuando, gracias a las desgracias confluencias del destino, se imponen las epifanías.
La más reciente de ellas, que viene constituyéndose en base a una falencia de razonamiento hace ya mucho, corresponde a la búsqueda interna desarrollada de manera inversa: la exteriorización de sus fines. El ansía de hallar la complementación en la dependencia, de generar una dualidad irrompible, sólo para volver a ver los errores de la individualidad primera, y preferir, por supuesto, la mitad del desarrollo pues ¿no constituye esto, en sí, una entereza?
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