Hoy un sueño me demostró que puedo tener las cosas en mis manos si así lo deseo.
Fue extraño, incómodo. Viajábamos lejos, rodeados de muchos árboles (mas la civilización se escondía tras ellos, casas y negocios). No eramos únicamente yo y él, teníamos una buena compañía. Recuerdo un colectivo, alguien se marchaba, y un colchón rosa enorme, adornado con sábanas tono sandia. Me acostaba junto a él, quien dejaba un chicle pegado en medio de ambos. Él usaba pantalones largos, había algo en su pierna que no deseaba mostrarme. Durmiendo (en mi sueño por supuesto. Ustedes saben, uno como que se duerme pero se ve desde la distancia, como una película autobiográfica) un giro me acercó a él, la goma de mascar se adhirió a mi rostro y me empecé a quejar. Con un beso me calló. ¿Ridículo, no? Me mostró en su pierna un tatuaje con mi nombre en muchos colores. Abrazos, casi besos, tentación. Pero me di cuenta de que era demasiado bueno. Con palabras casi exactas, casi porque nada es preciso cuando la fuente es el mundo onírico, le dije "Podríamos seguir. De hacerlo despertaría con una sonrisa en la cara, la cual se evaporaría amargamente hallándome yo en la realidad. Pero no, esto es un sueño, tú eres un sueño y esto jamás va a pasar. No puedo dejarme caer en tus brazos ficticios cuando sé que él único lastimado seré yo"
Palabras dichas, cambió el sueño. Así de simple. Me lo ahorré todo. Y hoy siento que puedo superarle. Sobrevivir.
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